Vietnam en moto
dia 5 en Vietnam en moto
dia 5
Sigo con el relato. Quinto día:
El hotel en el que dormimos en Sapa estaba emplazado en un sitio privilegiado de la población. Se encontraba justo en la ladera de una colina al sur del pueblo, al estilo de las casas colgantes de...Cuenca? Por lo que las vistas hacia el valle de enfrente eran realmente increíbles, con el Fansipan siempre nublado a nuestra derecha, además nos tocó una de las habitaciones, todas exteriores, del piso más alto y teníamos justo en el piso inferior una terraza que abarcaba todo el ancho del edificio, donde había algunas mesas donde tomar algún batido de frutas o un zumo de limas (que son buenísimas) mientras miras por la terraza, donde parece que estés colgado sobre el impresionante valle en medio de las montañas. Lo que ya no es tan bucólico de contar era la panzada de subir escaleras que nos teníamos que pegar cada vez que llegábamos al hotel o que había que bajar a recepción para alguna cosa (lavar ropa, o preguntar cualquier cosa)
Sapa se encuentra en la meseta de una montaña, en la que a sus espaldas hay algunas montañas más altas, pero justo enfrente suyo se puede ver el valle que antes explicaba, precioso y impresionante por su tamaño, se pierde en la lejanía. Pero este se encuentra rodeado por las altas montañas de la cordillera del Fansipan, con lo que se asemeja bastante a un gran caldero moteado de plantaciones de té en algunas de las laderas de las montañas, dónde por su escarpada orografía no se puede cultivar arroz en las omnipresentes terrazas. Es como una lengua verde que relame todas la montañas por las que hemos estado pasando estos días, una preciosa visión como premio por llegar al punto más al norte que visitaría en Vietnam (si exceptuamos la visita que haríamos ese mismo día más tarde) En esa zona predominan las etnias “H’mong” y hay también algunos “Thai blancos” Los H’mong son una etnia que viste de un color añil muy oscuro, casi negro, tiñen sus vestidos muy a menudo y debido a los tintes naturales que utilizan destiñen una barbaridad, por lo que es habitual verlos con las manos azules por el contacto con sus telas. Se hacen unos tocados en sus peinados muy espectaculares, con algunas plumas de varios colores y algo de tela envuelta en algunos collares de cuentas. Los Thai por contrario casi no se diferencian de un Vietnamita, han perdido ya casi todas sus tradiciones y normalmente solo los puedes diferenciar por utilizar una especie de “fulares” blancos que algunos envuelven en su cuello o en su cabeza. Algo parecido a las Katas tibetanas (las bufandas blancas que ofrecen como bienvenida).
Los H’mong que aún se encuentran en Sapa, ya no son como los que nos hemos encontrado por el camino, tienen una manera de vender sus joyas de plata, o sus vestidos teñidos absolutamente agresiva. Es habitual encontrarse con algún turista que se ha parado para mirar algunos pendientes o cualquier otra cosa de una chica H’mong y que, de repente se ve envuelto por seis o siete chicas más que le intentan vender antes sus piezas, gritando y refregándoselas por la cara. Me puso muy triste ver eso y sintiéndolo mucho no compre absolutamente nada en Sapa. Simplemente cuando me abordaban dos o tres chicas les decía –No money!! Y intentaba zafarme de ellas. No va mucho con mi manera de ser, pero lo que compré lo hice en las aldeas que encontré en la carretera, donde creí que estaría mucho mejor empleado mi dinero ahí donde no había casi turistas.
Después de desayunar en la terracita del hotel con Rob admirando el paisaje, llegaron la pareja de ingleses que nos habíamos encontrado el día anterior (no me acuerdo de sus nombres, tan solo coincidimos un día más o menos, sí me acuerdo de que era un Hooligan del Arsenal, llevaba un tatuaje típico de los “gunners” en su brazo, ese en el que se ve un cañón) y estuvimos hablando sobre lo que podíamos hacer ese día. Llegando a Sapa la jornada anterior pidmos ver que por esa zona hay mucho agua en movimiento. En muchas de las montañas que rodean la población por su parte posterior y en algunas de las cercanas puedes ver cascadas larguísimas que van cayendo por las escarpadas laderas de sus montañas. Las hay por doquier. Intenté hacer algunas fotos de ellas, pero estaban muy lejos y yo había pillado la cámara digital baratita para el viaje y tan solo se veían unos hilitos en la montaña (menos mal que pillé la barata, porque se me mojó unas cuantas veces con los monzones y me cayó al suelo unas cuantas veces. Parece que las cámaras baratas son bastante más “batalladoras” que las caras, no?)
Pues hablando sobre las cascadas decidimos ir a ver lo más cerca posible la mayor de ellas, la “cascada de plata” que tenía un salto de un porrazo de metros, muchísimos pero ahora mismo no me acuerdo de cuantos. Los ingleses tenían alquilada una Minsk de ahí mismo, de Sapa. Así que nos pusimos camino a las montañas de nuevo para llegar a la cascada. La verdad es que no llegamos demasiado lejos, al poco de empezar a tomar el camino de cabras montaña arriba (casi casi una trialera) nos encontramos el camino cortado por el ejercito, al parecer había un desprendimiento de rocas gigantescas en el camino y lo estaban dinamitando. Nos dijeron que la única manera de llegar a la silver waterfall era haciendo treking por un camino que se encontraba varios kms más al sur, cosa que desechamos porque nos llevaría casi todo el día el llegar y volver y queríamos hacer más cosas. Así que volvimos a Sapa y decidimos movernos unos 15/20 kms más al Sur, hacia Lao Cai, población fronteriza de Vietnam con China. Para llegar hasta ahí había que descender de la montaña sobre la que se encontraba Sapa, una carretera bien asfaltada y bastante ancha. Así que Rob y yo nos divertimos como enanos con las motos tomando las curvitas, esta vez sin los mochilotes que habíamos dejado en el hotel. Tan bien nos lo estábamos pasando con las motos, estripando sus potentísimos motores en plena bajada de la montaña, que al salir de una curva casi me llevo por delante a un soldado que justo se le pasó por la cabeza la idea de detenernos con una señal de esas de “stop”de mano. Había otro pequeño desprendimiento de rocas que iban a dinamitar.
Para cuando llegaron la pareja de ingleses ya estábamos bromeando con el soldado, quien nos invitó a comer unas bayas que llevaba en su bolsa, a la sombra de un árbol. Un tipo realmente curioso, en teoría debía de estar atento a que nadie bajase por la carretera, para no encontrarse con las rocas justo al salir de la siguiente curva, o peor aún, que le pillase de lleno la explosión que iban a provocar (yo no entiendo de estas cosas, pero el pedo que pego aquello fue ensordecedor) y ahí estábamos los cinco comiendo junto a la carretera. Ja ja ja!!! Son buena gente, pero a veces no sé como puede funcionar ese país. Cuando hay que trabajar de verdad trabajan duro, pero a la mínima que tienen asignada una tarea liviana...es que no pegan ni sello tu, parecen funcionarios!!!
Bueno, cuando al fin pudimos pasar, el tramo que habían dinamitado aún estaba bastante sucio, muchas piedras y bastantes baches de los gordos. Esta vez dejamos pasar delante a los ingleses, para no alegrarnos demasiado Rob y yo con las motos. Justo a la entrada de Lao Cai a Rob se le cruzó un perro justo en sus narices -caída segura- tuve tiempo a pensar, al tiempo que me abría para no atropellarlo, pues iba justo detrás suyo. Milagrosamente, Rob no se cayó, pudo esquivar mínimamente al perro. Creo que solo le debió pisar alguna pata, pero al esquivarlo y debido a la voltereta que dio el perro antes de salir corriendo y golpear lateralmente su moto, se fue directo medio descabalgado y desequilibrado hacia un agujero inmenso que había justo en medio de la avenida principal del pueblo. Ostión a la rueda delantera con la moto medio inclinada. La moto al suelo y Rob que se pudo mantener en pie correteando al lado de la moto tumbada. Risas generalizadas entre nosotros y los vietnamitas. La putada fue que del golpe las barras de su Minsk se quedaron bloqueadas en su posición de máxima compresión, casi casi. Bueno, lo importante es que él estaba bien, así que visitamos un poco el pueblo, que tenía un mercado precioso y algo menos invadido de turistas que el de Sapa (me he dejado decir que en Sapa hay tantos turistas pq hay una estación de tren en Lao Cai, así que hay muchos paquetes turísticos que incluyen visita a Sapa desde Hanoi y vuelta en tren en dos o tres días) Un rato después nos fuimos a dar una vuelta por el paso fronterizo de Vietnam con China, más que nada por el gustazo de ver un pedacito de China. Estando justo ahí al lado de la frontera oímos un tren pasar cerca de ahí, así que fuimos a investigar un poco y vimos que el tren cruzaba hacia China por un puente en el que no había ningún tipo de frontera. Nos miramos los cuatro y no hizo falta decir nada, carcajadas y encima de la moto a cruzar hacia China por el puente de la vía del tren. Ja ja ja ja!!!! Que cachondeo, fue una visita cortita, de unos diez minutos, pero que hartón de reír. Fotos típicas de Vietnam desde China, China desde Vietnam y poco más, porque después nos entro la vena racional... Vete tu a saber si nos pilla un guardia Chino, al igual no dice nada, como al igual se le cruzan los cables y tenemos problemas. Así que de vuelta hacia Vietnam (unos escasos cien metros de China fue lo que vimos)
Teníamos pensado comer por Lao Cai y perdernos un poquito por las cercanías, pero tal como tenía su Minsk Rob, no era plan de moverse demasiado. Así que decidimos volver a Sapa para reparar sus suspensiones y comer algo por ahí. En el camino de vuelta pusimos delante a Rob para que marcara el ritmo que le fuera bien, yo iba segundo y tras de mi iban la pareja de ingleses. Así estábamos y al llegar a Sapa, justo a la entrada vimos un “taller” de motos, donde paramos para reparar sus horquillas. Nada más llegar me doy cuenta que los ingleses ya no vienen detrás mío, hacía un momento estaban ahí, pero ahora ya no estaban, dejo a Rob en el taller y doy media vuelta para ir a buscarlos. Me los encuentro enseguida, se han quedado tirados sin gasolina, les pasó lo mismo que a mi final de deposito, van a poner reserva...y nada de nada, no queda gasolina. Desde luego hay que ir con mucho cuidado con ese tema.... Además es la hora de comer para los vietnamitas y las gasolineras están cerradas. Pero como no, ahí están los niños dispuestos a hacer negocio, con botellas que han rellenado antes de que cerraran para vender a los turistas a sobreprecio.
Después de que le solucionaran el problema a Rob (dando mazazos a las barras desmontadas, Dios mío, prometo no volver a correr para nada con estas motos) comemos y después ellos deciden ir a dar otra vuelta, yo me voy a echar una siestecita en una hamaca de la terraza superior del hotel. Al cabo de un rato de dormitar un poco oigo a unos chavales hablando español que se sientan cerca de mi. Son unos chicos de Bilbao, con los que enseguida empezamos a bromear y contarnos batallitas de nuestros días por las montañas, además se alojan tan solo dos habitaciones más lejos de la que ocupamos Rob y yo. Esa tarde estuve con ellos, hasta que me fui a dar una duchita antes de ir a cenar, al tiempo que llegaba Rob y muy poco después, cuando ya empezaba a oscurecer llegaron Seb y George. La verdad es que ya nos estábamos empezando a preocupar por ellos. Pero bueno llegan bien, algo cansados pero bien. Explican maravillas de la aldea de Muong Te. Pero comentan que el llegar allí es toda una aventura. Hay que buscar pasos para algún riachuelo y hay que hacer bastante off road y justamente ellos no tenían demasiada experiencia en moto...
Esa noche cenamos los cuatro (la pareja de ingleses se marchó hacia Hanoi a media tarde, mientras yo me quedé en el hotel) Después de cenar George y yo decidimos ir a “explorar” un poco la vida nocturna de Sapa, solo había un sitio que abría hasta un poco tarde, no mucho, que al día siguiente tocaba levantarse para seguir el viaje. Así que, como no, nos encontramos con los chavales de Bilbao. Cachondeo, risas y George aprendiendo un poco de español, con frases tan útiles como: “me gustan las chicas bonitas” o “tengo un bulto en mi bragueta” ja ja ja!!!
Yo no puedo beber demasiado, pero ese día me zampé algunas cervecitas y me quedé tan a gusto oye, la ocasión lo merecía... A parte esa noche fue inolvidable, porque al llegar de nuevo al hotel (menudo palizón a subir escaleras) nos encontramos con que había unas cuantas personas reclinadas en las hamacas de la terraza superior del Hotel... Que debían estar haciendo? En seguida lo supimos, el cielo estrellado era precioso, como nunca en toda mi vida había visto. No había ni una sola nube...Pero de golpe una estrella fugaz...y otra...y otra más allá. Había una lluvia de estrellas!!!! Que espectáculo más bonito que vi esa noche. Me quedé algo más de una hora mirando al cielo estrellado y cayéndoseme la baba, cada estrella era recibida con un murmuro de admiración... Simplemente precioso... De esas noches que acabas guardando en tu memoria...
Creado por hailwood | 1 comentarios | 18/11/04 12:08
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