Pobrecito mortal...
Natalia. en Pobrecito mortal...
Natalia.
No concibo el sexo sin amor ni menos el amor sin sexo.
Eso pensé hasta que vi a Natalia en aquella fiesta universitaria. Ibamos en grupos diferentes, pero por esas cosas de la vida, nos topamos en la mesa de una conocida común. Después de media hora de intercambiar miraditas le propuse bailar. Ella no demoró en aceptar y así pasamos las dos horas restantes, hasta que le dio por ir al toilette. Me dijo que la esperara, que no tardaría. En el intertanto me acerqué a Claudio, un compañero de la facultad, y le pregunté si acaso conocía a esa trigueña de ojos verdes, cuyos jeans estaban tan ajustados que me daba la idea que iban a explotar en cualquier momento.
Claudio, que estaba abrazado a una pelirroja llamada Eugenia, se acercó a mi oído y me dijo que era una de esas chicas que gustaban de divertirse, que no le conocía pareja, pero que sí sabía de una que otra "one more night" con compañeros de su carrera. Lo que Claudio me contaba me había bajado bruscamente de mi nube. Y me da la idea que es un defecto mío, el idealizar a una persona o como me dijo una chica alguna vez, "tú andas buscando a la mujer perfecta, esa que no tiene defectos, que es moral y políticamente correcta". Nunca le di la razón, pero en mi reflexión personal tenía bastante claro que eso era tal cual.
Mientras cavilaba, mi acompañante apareció con una sonrisa de oreja a oreja. Le pregunté que era lo que la tenía tan contenta y me dijo que había visto a un ex novio besándose con una de sus amigas. "trata de ponerme celosa", me dijo, "pero no lo va a lograr, porque ya no me interesa. Si quiere que se acueste con ella o con la que le da la gana". Inmediatamente le expresé que yo no andaba con ganas de ser utilizado y ella se puso, entonces, seria.
- Al parecer eres de esos tipos medio graves. Pensé que eras más livianito de sangre.
- La verdad es que soy bien livianito, pero no ando con ganas de meterme en historias de celos o leseras semejantes.
Me miró como si me quisiera fulminar con sus ojos y hacerme desaparecer.
- No te pongas así - le dije.
Sin decir ni adiós, se fue de mi lado y desapareció entre la humareda de cigarrillos y marihuana que había en la sala. La vi salir por la puerta. Lo cierto es que me quedé como atontado y sin ganas de salir a buscarla. En realidad todo me daba igual. Tuve la sensación de que el estómago me pedía a gritos que saliera hacia el jardin del Campus. La mezcla de alcohol, cigarrillos y comida comenzó a surtir el efecto que yo no había querido. Me dispuse al lado de una palemra que estaba ubicada cerca de la puerta de entrada al casino, donde estábamos celebrando, y comencé a evacuar de todo. Tuve la sensación de haber vomitado hasta el hígado. Cuando estuve un poco relajado me senté en un banquillo, apoyando la cabeza entre mis manos y sentí que en ese instante alguien me alcanzaba un vaso con agua.
- Bebe, te hará bien - Miré hacia donde venía la voz que ya había reconocido. Era ella, Natalia, mirándome con una sonrisa.
Acepté el vaso de agua y respiré profundo. Entoces le agradecí el gesto y le expresé que no había querido molestarla ni menos aguarle la fiesta.
- Cállate, mejor vas a buscar tus cosas. Te espero en mi auto a la salida.
Ni siquiera me sorprendí de lo que me estaba diciendo. La verdad es que no pensé nada. Sentír que estaba comportando como un autómata.
Llegué hasta la puerta de salida del campus. Vi estacionado un auto rojo, me parece que era un renault, con Natalia haciéndome señas para que me subiera.
- Disculpa la pregunta, pero adónde me llevas?. Me puedes dejar en avenida Irarrázaval y ahí tomo el bus para mi casa.
- Te quieres ir para tu casa?. Yo pensaba llevarte a mi departamento, porque en verdad es tarde. Vivo en Manuel Montt con Providencia, cerca del Liguria. Lo ubicas?
- Sí, claro. Por ahí vive mi madrina.
- Si tienes algún problema, entonces me dices y, si quieres, te voy a dejar a tu casa. Vives cerca?
- No, la verdad es que vivo en Maipú.
- Maipú?. Lejitos queda. Te vas conmigo o no? Decídete, mira que ya estoy algo cansada.
- Ok., me voy contigo. No creo que me vayas a violar o a comer.
- Quién sabe. Tal vez soy una vampiresa que anda buscando la cena y es posible que tú seas el plato de fondo.
Nos quedamos en silencio. Encendió la radio y me quedé tranquilo escuchando "Starway to heaven". Pensé en cómo terminaría aquella historia con Natalia y en quizás cuántas veces ella se había llevado a un tipo en estas condiciones.
Cuando llegamos a las afueras del edificio, Natalia bajó hasta el estacionamineto subterráneo. Bajamos del auto y nos dirigimos hasta el ascensor. Apretó el botón del tercer piso.
Abrió la puerta del departamento y me dijo que me pusiera cómodo, mientras ella iba al Baño. Me senté en el amplio sillón de cuero negro y contemple´los cuadros que decoraban las paredes. Eran fotos abstractas, muchos de ellos con líneas rojas y negras. Me fijé en los trazados tratando de ir descubriendo supuestos rostros, como recuerdo que lo hacíamos en el ramo de Artes Plásticas, y me pareció ver rostros inquietos, cuyas expresiones eran de terror. Un escalosfrío me recorrió entero. En ese momento apareció Natalia envuelta en una bata larga y negra. Se había soltado su pelo que era largo y brillante. La luz de la luna atravezaba el vidrio de la ventana, iluminando el lugar donde me encontraba sentado.
Natalia se acercó en silencio, se arrodilló, y abrió la cremallera de mi pantalón. Entonces se ubicó entremedio de mis piernas.
Recuerdo con nitidez el suave roce de su lengua, los besos con que se fue acercando hasta mi rostro, las caricias mediante las que mantenía mi sexo erecto y también la presión fuerte y dolorosa que hizo con sus dientes sobre mi cuello. Tuve una sensación extraña, paradojalmente dulce.
- Ya te dije que eras el plato de fondo - me recordó sin que yo pudiera oponer resistencia alguna.
Lo que sucedió después lo he olvidado.
Creado por almibre | 0 comentarios | 22/03/08 21:39
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