Pobrecito mortal...
El amor....el amor.... en Pobrecito mortal...
El amor....el amor....
Pase lo que pase con mi vida sentimental a futuro, aunque deba cargar el dolor de lo que he vivido más allá de lo que me he imaginado, aunque el tiempo me diga a gritos que lo acontecido fue lo mejor para mi corazón, sean como sean las cosas a futuro, seguiré creyendo fielmente en la pareja y en el amor.
Luego de esta inspiración matinal o, mejor dicho, de mediodía, quiero dejarles un documento que encontré en el baúl de los recuerdos, el mismo donde estoy guardando las cositas que me dejó mi última relación con una malagueña, para que se queden ahí y me sirvan para no olvidar que nunca se deja de aprender y que existen aprendizajes que cuestan sangre, sudor y lágrimas.
Me parece que lo publiqué hace mucho tiempo , pero en un momento como éste me apeteció traerlo de nuevo a la luz.
Disfrútenlo.
Las relaciones de pareja son uno de los tipos de relaciones más complicadas que existen, ya que se dan dentro del marco de la condicionalidad, por lo que jamás nos encontraremos con una ex mamá o ex papá o ex hermano, pero sí con, seguramente, varias ex parejas.
¿Por qué esto ocurre tan a menudo? ¿Qué pasa cuando conocemos a alguien y nos enamoramos? ¿Por qué encontramos parejas que se prolongan en el tiempo satisfactoriamente y otras que no?
Para hablar de relaciones debemos tener en cuenta, primero, que somos individuos, y como tales tenemos una manera de ver el mundo distinta al otro, lo que hace imposible hablar de una sola verdad o única realidad. Como individuos tenemos un sinnúmero de expectativas respecto de una pareja, existiendo las personales y otras que son, más bien, genéricas.
Cuando conocemos a alguien ponemos sobre esa persona un patrón de expectativas genéricas y vamos probando si las cumple o no. Y cuando evidenciamos que estamos enamorados, sentimos que el otro reúne casi todo lo que buscamos, cumpliendo nuestras expectativas genéricas.
Por ejemplo, si conocemos un hombre y habla temas interesantes, es sensible, romántico, nos escucha, nos comprende, comparte nuestros gustos y los que no, los respeta, sentimos que encontramos al hombre de nuestra vida. A la vez, si nosotras también le cumplimos sus expectativas, él sentirá que encontró la mujer de su vida.
Hemos aprendido e internalizado actitudes sociales y relacionales, por lo que sabemos qué es lo que el otro espera y podemos comportarnos de esa manera, lo que en un principio no es difícil, pues nos estamos seduciendo y agradando mutuamente. Pero desafortunadamente el cumplir siempre las expectativas al otro es agotador y la relación se ve oscurecida cuando no escuchas o comprendes o estuviste tan ocupada que olvidaste poner el botón que faltaba en su camisa o a él se le pasó el día en que se conocieron. Con estos “olvidos” o quiebres de expectativas, se producen las primeras discusiones en las relaciones de pareja que pueden preceder a la decepción y la ruptura.
El que comencemos a dejar de cumplir las expectativas del otro no es necesariamente porque se deje de amar a la pareja o viceversa, sino que afloran las características personales, sumado a que en la vida de ambos existen otras actividades importantes y se debe repartir tiempo con éstas.
El problema es la lectura que hacemos, ya que implica preguntarse si aún soy importante para él o no, y como generalmente no preguntamos qué pasó, comenzamos a llenarnos de imaginaciones respecto al otro, a la relación y a lo que hicimos o dejamos de hacer.
Todas estas “conclusiones fortuitas” nos provocan molestia y enojo. Actuamos según lo que imaginamos del otro y, obviamente, nos cambia la cara, el tono de voz y la actitud, lo que a su vez el otro leerá como incomprensión y/o falta de amor y comenzará a imaginarse la razón Así nos damos vueltas y vueltas hasta que empiezan las descalificaciones y el quiebre de la comunicación.
Si bien es imposible no tener expectativas, éstas tienen que ser adecuadas para darnos la oportunidad de mostrarnos como somos, y no sentirnos forzados a tener que agradar siempre al otro. Se debe tener claro que en la seducción se despliega el satisfacer las expectativas del otro, pero que no se vive para cumplirlas siempre. Por lo tanto, hay que otorgar -y otorgarnos- el tiempo y la libertad suficiente para un conocimiento más profundo y así hacer una elección más madura.
Por último, tener cuidado con interpretar al otro, ya que podríamos caer en un mal entendido que puede ser muy costoso para la relación. No olvidemos que es más sano y más corto preguntar si lo que creo es cierto o no, antes de llegar a una conclusión.
Acabo de darme cuenta, al releer el documento, que me hubiera evitado muchos dolores de cabeza, de haberlo encontrado ántes.
Creado por almibre | 0 comentarios | 04/03/07 13:17
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