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Pobrecito mortal...

capítulo cuatro. en Pobrecito mortal...

capítulo cuatro.

Qué triste es recordar y sin embargo, qué alegría siento al reencontrarme con aquello que alguna vez tuve; aquello que pude disfrutar y de lo que tuve que separarme por esas decisiones del destino que uno muchas veces no puede llegar a comprender ni termina por aceptar. Qué pequeno me parece este patio ahora y sin embargo, alguna vez pensé, siendo nino, que nunca terminaría por recorrerlo en toda su extensión.


Fue aquí donde nuestras miradas se toparon por primera vez; nos quedamos solos, mientras el resto de nuestros companeros se iban a estar más apartados, según ellos, para conocerse mejor (me lo confesarían después). Ahí estaba Daniel, el “latin lover” de mi curso, atrapando la atención de una amiga tuya...no recuerdo su nombre.


Entonces el pasado fue adquiriendo forma.


- Al parecer nos dejaron solos sin siquiera avisarnos.

- Así parece y yo tengo que regresar a casa luego – la voz de Rosario delataba aburrimiento.

- Parece que no estás muy a gusto en este “circo”- dijo Andrés tratando de quebrar la frialdad de ese momento.

- ¿Circo?. Y yo que pensé que ésto era para una obra de caridad. Por eso fue que me convencieron. Adriana me dijo que ustedes estaban organizando una acto de beneficencia para una escuela de ninos pobres y que necesitaban recolectar alimentos y vestuario. De lo contrario estaría en otro lugar, viendo una obra de teatro.

- ¿Si?. ¿Cual? – inquirió el joven con una leve sonrisa y simulando interés.

- Hamlet.- respondió Rosario, a la vez que expresaba una mueca de disgusto.

- En realidad lo de “circo” es una manera de decir. Tu amiga te ha dicho la verdad. Estamos organizando esto durante la festividad de San Ignacio de modo de reunir lo máximo en comestibles y vestuario para esos ninos pobres. Hemos ido a los diarios y a la TV para hacer propaganda y el que ustedes vengan, le da también un toque especial.

- Ok, entonces ya vinimos y ahora podemos irnos... ¿verdad?

- Tendrás tus razones como para apurar el paso, pero por lo menos yo no voy a detenerte.

- Entonces iré a buscar a mi amiga.

- ¿No deseas que te acompane?...está oscureciendo y...

- No me vas adecir que puede salir el lobo feroz y me va a engullir como le ocurrió a la Caperucita Roja.

- De lobos no he sabido... te lo dije porque soy un caballero. Además ésta es como mi casa y tengo la obligación de ser amable con las visitas...entiendes? – Andrés había iniciado el jueguito de las sutilezas.

- Mira...no sé cómo te llamas...

- Andrés...me llamo Andrés Barroso...a tus piés...

- ¿Te estás burlando de mí?

- No, de ninguna manera, es que como pensé que te gusta el teatro y por lo de tu obra...me imaginé que te causaría gracia. Fue un gesto simpático de mi parte.

- Ah, no me causó mucha gracia que digamos, pero mejor lo dejamos hasta ahí. Ahora me voy a buscar a mi amiga.

- Antes que te vayas... ¿podría saber por lo menos tu nombre? –

- Rosario – la muchacha apenas lo balbuceó y dijo adiós; partió sin destino fijo, perdiéndose en una multitud de jóvenes que danzaban al son de una canción de Lionel Richie.

Andrés se quedó contemplándola largos minutos, hasta que Joe, un companero de curso lo distrajo.

- Tenemos que ver lo del programa de manana – comentó , mientras degustaba una manzana.

- Tú y yo iremos al programa de la tarde y que otros se encarguen de ordenar los alimentos y la ropa. – respondió Andrés aún algo distraído.

Cuando la oscuridad se hacía latente, los jóvenes se desplazaron hacia el hall, para reunirse con el resto de sus camaradas. En uno de los banquillos estaba Rosario que, al ver a Andrés, dirigió nerviosamente la mirada hacia la puerta de entrada.


- Al parecer te dejaron sola – dijo él sin disimular un tono irónico.

- No es eso. Ocurre que mi amiga me pidió que la esperara algunos minutos más, porque hablaba con uno de tus companeros...Daniel, creo que se llama.

- Uf, si es con Daniel, entonces la cosa va a tardar algo más que unos minutos – sabía que la estaba "toreando".

- Unos minutos y basta. Tenemos que irnos ya. Nos esperan en casa.- Rosario se había dejado provocar sin saberlo.

- Si no te molesta, a lo mejor te puedo acompanar este rato.- Andrés esperaba una negativa.

- Puedes hacer lo que te dé la gana, mientras me dejes tranquila. No me interesa tu ironía y tampoco deseo perder mi tiempo en banalidades.

- No me conoces y me estás tratando pésimo.- el joven se había tornado algo serio.

Rosario se dio cuenta de su tono y lo pensó tres veces antes de disculparse. No lo hizo, pero tampoco cerró la posibilidad de un diálogo. Entonces, y para cambiar en algo su actitud, tomó la iniciativa.

- Tu colegio es bonito. Me gusta su edificio.

- En realidad tiene algo de encanto.- Andrés se daba cuenta del giro de la nina. Entonces decidió correr el riesgo - Rosario, ¿pololeas?-

- Mira, una cosa es que hablemos del colegio, su edificio, lo que ustedes hacen, etc...y otra cosa es comenzar a hablar de mi vida personal. Eso no te incumbe y creo que no nos tenemos la confianza como para tocar el tema... ¿Ok.? – Su rostro se había puesto serio.

- Ok., pero te puedo decir que yo por lo menos no pololeo, ahora.

- Gracias por la información, pero eso te incumbe a ti, ¿no te parece?- Rosario eludió la conversación y sintió un alivio profundo al ver a su amiga Adriana aproximarse de la mano de Daniel.

- Adriana, nos vamos.- imperó, lanzando una mirada que la amiga supo decodificar.

Daniel le dio el último beso y las dos muchachas partieron hacia la Alameda.

-Parece que a ti no te fue muy bien que digamos- comentó posteriormente a Andrés.

- Hoy no fue mi día de suerte y para ser sincero, es mejor estar solo que dejarse atrapar por una bruja como esa.

Entonces los dos companeros se fueron a la Sala de Comunicaciones en donde se reunía el Centro de Alumnos. Miguel, profesor y gran amigo de la tropa, terminaba un trabajo pendiente para su curso. Los muchachos aprovecharon para sacarle un par de cigarrillos.


Andrés se mantuvo silencioso y comenzó a sentir que aquella muchacha lo había sacado de su centro.


Creado por almibre | 0 comentarios | 07/11/05 22:29

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