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El dolor diario de un gay en España en Diego Manuel Béjar

El dolor diario de un gay en España

Hoy, escribiendo un correo, me puse a reflexionar sobre por qué me produce tanto daño el tema de United Families International (asociación homófoba que robó los datos de 35.000 españoles para enviarnos spam). Y esto, amigos, es lo que siento. Por supuesto, cualquiera puede pensar lo que quiera sobre la homosexualidad y cualquier otro tema. Y siempre habrá alguen que piense cualquier barbaridad de mí por el mero hecho de ser homosexual. No me importa. Realmente no me importa incluso que la gente piense que la tierra es plana y está en centro del universo... siempre que no quemen en la hoguera a quien demuestre lo contrario. Por lo visto es un derecho democrático estar completamente equivocado y regocijarte en tu propio error. Pero nadie tiene derecho a hacer afirmaciones falsas, o intentar manipular a la sociedad con mentiras, elevar opiniones personales que no están basadas en hechos a la categoría de verdad, con el único propósito de generar odio y desprecio hacia un sector de la población que no ha hecho, por sí mismo y como colectivo, nada malo, sino simplemente luchar democráticamente por la defensa de sus derechos, que no son otros que los que disfrutan el resto de ciudadanos, ni más ni menos. Mentir no forma parte de la libertad de expresión. Insultar no es un derecho democrático (que alguien diga "opino que los judíos son así porque sus padres no les han educado correctamente, como consecuencia de que ellos mismos son también judíos" no es una opinión, sino un retorcido insulto que ningún político se atrevería a decir públicamente, pese a que muchos lo piensan). Insultar a los homosexuales tampoco puede ser un derecho democrático (frente al ejemplo anterior, cuando Aquilino Polaino, quien ve con buenos ojos el exorcismo como terapia y ha escrito un ensayo al respecto, intentó convencer al Congreso de los Diputados de que los homosexuales tenemos una enfermedad por culpa de la manera en que nos han educado nuestros padres, se defendió no sólo su libertad de expresión, sino también su libertad de cátedra para decir lo que le diera la gana aunque fuera manifiestamente falso y basado en unos informes totalmente falsos creados por personas condenadas judicial y profesionalmente por mentir en sus informes, como se puede comprobar en http://www.fundaciontriangulo.es/informes/NoesVe rdadNoesIgual.pdf). Por lo visto es mucho más preocupante que alguien simule en un montaje robar una silla del Congreso que las barbaridades que en él se pueden llegar a decir (especialmente si esas barbaridades son sobre homosexuales, que como que importan menos).

Y, finalmente, pero no menos importante, montar un falso referendum con el propósito de robar datos sensibles de más de 35.000 españoles no es democracia. Justificarlo diciendo que previamente se ha hecho en Canadá con 135.000 canadienses no exime de culpa, al contrario, lo convierte en un conflicto internacional con un claro responsable: United Families International, quien en nombre de dios no duda en cometer cuantos delitos sean precisos (como el robo internacional de datos personales sensibles en varios países) y hacer rodar cuantas cabezas sean necesarias (como Rafael Rubio, a quien seguramente engañaron para conseguir su fín), con el objetivo de dejar bien claro lo peligrosos y dañinos que somos para la sociedad los homosexuales.

Ningún político español dirá que los musulmanes son violentos (pese a que paradójicamente no lo diga porque sabe que si lo dice le espera una reacción violenta en la que muy probablemente morirá gente). Sin embargo los políticos españoles han dicho barbaridades como por ejemplo, literalmente, "para mí los homosexuales son una especie de tarados, con algún tipo de deficiencia física o psíquica" (Jose Luis Candelltey, alcalde por el PP, 2005), y aquí no pasa nada, porque "oye, es una opinión respetable". Y no es de lo peor que se ha dicho. Parece que todo vale contra los maricones, que desde hace meses vemos cómo aumenta la violencia física y psicológica contra nosotros. Se puede opinar cualquier cosa sobre los maricones, y se puede expresar alegremente incluso cuando es obvio que esas expresiones, hechas por cargos públicos, por políticos, por sacerdotes, personas con capacidad de influenciar y que son conscientes de ello, tienen como consecuencia directa ese incremento en la violencia y el odio hacia los homosexuales que estamos viviendo en los últimos meses. Y al final acabas harto, maldiciendo a aquellos que te insultan a diario con total impunidad "porque es su derecho, es su opinión, y tu te callas, maricón". Entonces piensas en la paradoja: Se me agrede porque supuestamente soy peligroso, aprovechándose de que como no lo soy, no hay consecuencias para quien me agrede, y parece que la única manera de ser respetado sería convertirme en alguien realmente peligroso. Al fin y al cabo, desde que los musulmanes mataron hace poco a una monja italiana, que la pobre no tenía culpa de nada, se les respeta al máximo. Hasta se prohíben obras para no incomodarles. ¿A quién debería matar yo? ¿A alguien con barba canosa y ansias de poder que consiente todas estas agresiones por parte de los miembros de la organización que representa, incluyendo la mujer de su antedecesor y sus absurdas metáforas sobre frutas? No, con que ese señor fuera capaz de entender lo que siento, que no debe ser muy diferente a lo que sienten millones de españoles, tendría que ser suficiente. Eso partiendo de que tenga corazón y no haya vendido su alma al diablo con tal de estar donde está, que no sería tan extraño ya que por lo pronto no ha negado ese rumor que circula desde hace años sobre que haya renunciado a su identidad con tal de ocupar la silla que ocupa. Y de alguien que es capaz de renunciar a su propia identidad a cambio de poder no se puede esperar nada bueno.

¿Sabes? Tenía miedo de dar la cara con este tema, al denunciar a una organización tan importante y con tantas conexiones internacionales en un escándalo que afecta a una entidad de prestigio como la Universidad Complutense. Ahora, extrañamente, ya no lo tengo. Es como en esas películas en las que al protagonista le están dando una paliza de espanto y llega un momento en que ya ha recibido tantos golpes que no siente el dolor y entonces se pone a reir, porque se da cuenta de que todo su cuerpo es un inmenso dolor, que se mantiene en pie sólo porque lo están sujetando entre cuatro, que se tendría que haber desmayado hace tiempo y que seguramente si se desplomara le dejarían de golpear, pero por alguna razón sigue consciente y ve con mente preclara todo lo que está pasando. Los golpes que le dan ya ni los siente por la sencilla razón de que es imposible sentir más dolor, así que nada va a cambiar, el dolor no va a desaparecer pero tampoco va a ser mayor, sencillamente tiene que recibir los golpes. Y los que le pegan no entienden de qué va, por qué no se desmaya ni por qué se está riendo, pero le siguen zurrando por si acaso. Sólo que además te das cuenta de que da igual estar que no estar, porque sólo eres una miserable partícula en la infinidad del universo que pasará por la vida sin pena ni gloria, que todo es igual que antes y seguirá igual después. Nada importa.

Desde que "salí del armario", ahora hace 10 años, no me ha importado que la gente supiera que soy gay, y afortunadamente no he sufrido mayor consecuencia (quiero decir en comparación con otros homosexuales que han tenido peor suerte). De hecho todos mis amigos vieron que empecé a ser más feliz desde que "salí del armario", desde que dejé de guardar ese secreto y pude ser consecuente conmigo mismo. Bueno, no todos mis amigos. Alguno me dejó de hablar. Es ese tipo de detalles que te acostumbras a ignorar. Esos insultos, esos desprecios... sencillamente aprendes a ignorarlos, lo haces inconscientemente. Pero no hay nada mejor que un buen puñado de ejemplos claramente instructivos:

- Ejemplo 1: Recién llegué a Madrid, pasando por la calle Montera, una prostituta cuya invitación rechacé me gritó "Maricón". Yo me giré y respondí "Y tu puta, guapa", lo cual era totalmente cierto salvo por lo de guapa. Tuve que salir corriendo porque se me echaban todas encima. Ese día aprendí que, dentro de lo más depravado, yo siempre estaría socialmente en el estrato más bajo, que me lo tendría que trabajar muchísimo más que cualquier otra persona "normal" para hacerme respetar. Y es cierto, ser un empresario con éxito (aunque sea homosexual) me ha conseguido situar socialmente por encima de las prostitutas. Aunque no mucho más arriba. Pero al menos conseguí pasar de ser "maricón de mierda" a ser "maricón empresario", que no es poco, porque la gente cuando se piensa que nadas en el dólar te respeta bastante o al menos se calla lo que piensa, que con eso me conformo.

- Ejemplo 2: Hace dos semanas, una chica que no tendría más de 15 años, totalmente borracha en un parque a las 5 de la tarde, mientras su amiga liaba un porro, me preguntó sin venir a cuento si no me parecía muy triste haber tirado mi vida por aquello de ser maricón (como si en algún momento yo hubiera decidido mi identidad sexual). No contenta con eso, lo ilustró añadiendo detalles de cómo un maricón es lo peor de la sociedad, un enfermo que debería estar muerto, y alguna vaga referencia al SIDA. Una joya de niña, la típica chica que acabarán encontrando antes de cumplir los 20, muerta junto a las vías del tren, con las bragas bajadas y una jeringuilla clavada en el brazo. Y si no se muere y resulta que hasta acaba teniendo hijos, sería curioso que fuera cierto aquéllo de que los niños nacen gays porque las madres fuman porros durante el embarazo, cosa que mi madre niega rotundamente. Respondí preguntándole si acaso no debería preocuparse un poco más por lo que está haciendo ella con su propia vida. Minutos más tarde, cuando ella era sólo un puntito a lo lejos, aún me llegaban sus gritos en los que me dedicaba toda serie de gracias que solían incluir a varios de mis familiares. Obviamente, un maricón no puede dar consejos a una yonqui. Pero eso era porque ella no sabía que soy un empresario de éxito, y eso me pone por encima de las prostitutas, pero no mucho más arriba. Para ella sólo era un maricón, y eso me pone por debajo de las putas y las yonquis. Realmente me pone por debajo de todo.

- Ejemplo 3: Estás sujetando a tu amigo, que se siente mal. Le abrazas para que no se caiga. Pasa un coche y gritan desde dentro "¡maricones!". Tu amigo, que no debería haber bebido dos cervezas con el estómago vacío, te pregunta "¿Qué han dicho?". Y tu, que lo has oído perfectamente, dices "No sé, no me fijé".

- Ejemplo 4: Estás es una discoteca gay, porque obviamente ya vas a una discoteca gay para no tener problemas. Abrazas a tu novio y ves cómo pasa una pareja de chico y chica y él dice "joder, qué asco me dan estos maricones".

- Ejemplo 5: Estás con alguien y te llama tu novio por teléfono. Hablas con él procurando utilizar palabras sin género, para que quien está delante no sepa que estás hablando con un hombre y no con una mujer. ¿Por qué tengo que hacerlo? ¡No debería hacerlo! Una persona normal no oculta esas cosas. ¿Es que no soy normal? El caso es que lo haces. Al colgar el teléfono, la persona con la que estás te pregunta "por tu novia". Vale, ya has hecho el esfuerzo de no "pregonar" tu identidad. Pero tampoco vas a mentir. "Se llama Chus, es mi novio". Y entonces ves esa mueca. La reconoces. Esa mueca la has visto muchas veces. Dura sólo unos instantes, pero es la mueca de otras veces, con otras personas, en otros lugares.

- Ejemplo 6: Salgo en El Mundo como uno de "los 25 gays con más poder" (cielos, tanto poder y aún no formo parte del lobby). Alguien dice "¿Sabes que Diego sale en El Mundo?". El otro contesta gracioso "¿Dónde? ¿En sucesos?". Así que le dan el recorte del periódico, ve el titular que reza con letras enormes "Homosexualidad" y "Los 25 gays con más poder". Y ves esa cara, esa mueca, otra vez más, que parece decir "Hubiera preferido que saliera en sucesos".

En reuniones de empresarios muchas veces (no siempre) tengo la sensación de que se me mira en plan "pobrecito, quiere ser como nosotros, pero no puede: es maricón". Lo notas especialmente cuando la reunión está terminando y alguien comenta de salir a tomar algo. Entonces es cuando se ponen a hablar de sus mujeres mientras se agarran los genitales en plan macho, como si tuvieran algún tipo de enfermedad venérea, y al final acaban hablando de prostítutas y esas cosas que hacen "los hombres de verdad" cuando quieren divertirse, que por alguna razón casi siempre están relacionadas con el sexo y ponerle los cuernos a sus señoras esposas. Yo creo que se piensan que los homosexuales somos viciosos porque es lo que serían ellos si no tuvieran que pagar a una mujer para tener sexo. Y siempre, siempre, hay uno de ellos que se desgarra la garganta hasta conseguir escupir una masa gelatinosa al suelo. Luego alguno cuenta alguna anécdota divertida, como cuando se lo montó con dos o tres prostitutas y alguien le dice "Qué maricón!". Y todos se ríen, porque por lo visto es gracioso. Y tengo que asumir que no soy normal, porque nunca podré hablar de prostitutas mientras me rasco los huevos y escupo al suelo, pese a que una vez fuí a un prostíbulo y me pareció de lo más denigrante para las mujeres que allí había, pero claro, eso es una prueba más de que soy un homosexual, porque "un hombre de verdad" no piensa en esas cosas: se emborracha y se lo monta con la más gorda para luego contárselo a sus amigos.

Por supuesto, no todos los heterosexuales son así. Yo también tengo amigos heterosexuales y son muy buena gente. Pero no estoy hablando de esos hombres que ante todo se sienten personas, para los que su pareja, sea hombre o mujer, es ante todo una persona a la que respetan, que no tienen la necesidad de demostrar nada a nadie ni se sienten agredidos por algo tan simple como que los demás tengan las mismas libertades que ellos mismos. Hablo del macho hispánico, ese al que, conforme a mi propia y amplia experiencia en distintas regiones de España y en distintos estatus sociales, por regla general, cuanto más les asquea la homosexualidad, cuanto más macho se sienten, cuanto más "hombre de verdad" son, más predisposición tienen para hacer todo tipo de guarrerías con cualquier mujer que no sea su esposa. Los prostíbulos de carretera están llenos de auténticos machos a los que les asquean los maricones y todo lo que ellos representan, mientras sus señoras les esperan pacientemente en casa. Pero, eso si, siempre guardando las formas. Y muchas veces percibo ese mensaje en la homofobia que me rodea: No importa tanto que yo sea homosexual, el problema es que debería guardar las apariencias y no parecerlo.

Son tantas situaciones de insultos y humillaciones que aprendes no sólo a ignorarlos, sino a rematarlos con una frase más o menos ingeniosa. Hasta que un día te das cuenta de que estás ignorando demasiadas cosas porque de lo contrario sufrirías mucho. Dejas de ignorarlas una semana y te destroza por dentro, te desmoralizas y te sientes basura. ¡La de cosas que un homosexual tiene que hacer como que no las ha visto u oído a lo largo del día! Incluso ahora, que llevo unos meses sin ignorarlas, con todo el daño que me hacen aún tengo que disimular como si no pasaran para que mi novio, mi madre... no se preocupen. Hoy se las he contado, y sé que les he hecho daño y se han preocupado por mí, porque es más fácil pensar que eres feliz. Porque te hacen tanto daño que al final tu también acabas haciendo daño y te sientes doblemente mal. Son cosas que, alguien que no lo ha vivido, no es capaz ni siquiera de imaginar. Y te hartas no del mundo en el que vives, sino de tener que compartirlo con gente que lo quiere sólo para ellos mismos. Porque ser homosexual no me hace ni más ni menos feliz. Bueno, mi novio me hace muy feliz. Y si no fuera homosexual, él no podría ser mi novio y no creo que haya nadie en el mundo (sea hombre o mujer) que me pueda hacer más feliz. En cualquier caso, si hay algo que me hace infeliz, no es ser homosexual. Es la gente que, por serlo, me intenta atacar, condenar, degradar... ¡Qué sabrá quien se preocupa más por cómo en el colegio los niños insultarán a los hijos de gays que por educar a sus propios hijos para que no cometan tales agresiones! Sabemos perfectamente de quién serán hijos los niños que cometan esas agresiones, a qué asociaciones van a estar afiliados esos padres... Pero nadie va a hacer nada por impedirlo, porque nunca nadie hace nada. La gente mirará a otro lado y dirá "No sé", "Es una opinión", "Es que no se sabe cuál es el origen de la homosexualidad" (tampoco yo sé el origen de que los negros sean negros, o de que tal persona sea objeto de burlas, pero no por ello voy a permitir que los apaleen), "Es que no puedes cambiar el mundo", "Es que siempre ha sido así", "No te quejes, podría ser peor" (detesto esa frase, me dan ganas de pegarle una bofetada a quien la dice y responderle "No te quejes, podría haber sido una patada en los huevos"), "No puedes cambiar a la gente" o el ya consabido "Es que le das demasiada importancia a las cosas", frase que la última vez que me la dijeron fue mientras me lamentaba de que hubieran asesinado a mi amigo Al-Daní y su novio.

Realmente me siento orgulloso, no de ser gay (que es sólo un rasgo más de mi persona, desde luego no el más importante, pero si el único por el que me pueden intentar hacer daño, con lo cual la importancia se la dan otros, no yo), sino de vivir mi homosexualidad libremente, con la misma discreción que los demás (pese a los que piensan que es normal que un hombre diga que ha quedado con su novia, pero que diga que ha quedado con su novio es que te exhibe y restriega su sexualidad). Me siento orgulloso de ello, de ejercer mis derechos ciudadanos y vivir mi propia libertad, compartiéndola con la persona que amo, porque es mi libertad y, a diferencia de otros que la han tenido siempre, me la he tenido que ganar a pulso con mi esfuerzo, al igual que han hecho muchos otros con su propio esfuerzo, gracias a la ayuda y sacrificio realizado antes por millones de personas, entre las cuales hay héroes y auténticos mártires, a lo largo de más de 100 años de marginación. Tengo que dar gracias, encima, a que me ha tocado vivir los años menos malos. Me siento especialmente orgulloso de todo eso PESE a aquellos que prefieren otra vida para la gente como yo. Sin esa gente, sin ese odio, no tendría motivo para sentirme orgulloso de ser gay, sencillamente lo sería. Y por eso doy la cara ahora. Porque estoy harto. Porque nunca en mi vida he permitido que me pisoteen. Y hoy tampoco. Hoy menos que nunca. Y si tengo que hacerlo, daré la cara para que me respeten, sin miedo a las consecuencias (que las habrá, no lo dudes, siempre las hay), porque mi dignidad no tiene precio. ¿Quién te va a querer si no eres capaz de quererte a tí mismo? ¿Qué clase de persona sería si me dejara pisotear? ¿Voy a permitir que otros decidan cómo debe ser mi propia vida, a quién debo amar y de qué manera? ¿Merecería la pena vivir en un mundo así?

Por supuesto, siempre habrá gente que seguirá diciendo que nos hacemos gays porque está de moda (¡pues menuda moda!), porque somos viciosos (si fuera por sexo, lo practicaría en privado y luego en público llevaría una apariencia heterosexual no problemática, al igual que hacen tantos heterosexuales casados muy respetables en la vida pública pero que luego son los reyes del prostíbulo, que hay mucho puticlub y están llenos, será por algo) o que somos un "lobby" muy poderoso (si fuéramos un lobby y fuéramos tan poderosos, no estaríamos como estamos). Me gustaría que esa gente mirara a la cara los cuerpos ahorcados de los dos adolescentes ahorcados en Egipto recientemente por haber tenido relaciones homosexuales entre ellos cuando eran menores de edad después de haber sido humillados públicamente. ¡Mírales a la cara y diles que eso es lo que manda TU dios! ¡Mírales a la cara y diles que, caramba, hay que ver cómo siguen la moda! ¡Mírales a la cara y diles que son unos viciosos! ¡Mírales a la cara y diles que son un "lobby"! ¡Mírate al espejo, mírate a la cara, y di que eso es justicia!

Todo esto de la United Families International, con ese tufillo de HazteOir a la americana, me ha hecho mucho daño. Ha habido días que me he sentido amenazado, perseguido. Al fin y al cabo, esta gente es muy reaccionaria y... ¡tienen mis datos! Pero más que el miedo y la indignación, que con los años te acostumbras a vivir con ello (algo que jamás entenderá quien no ha tenido que vivir con ese miedo de "que no se note que soy...", "no, en este barrio no me abraces ni me cojas la mano", "un desconocido me volvió a agredir, deberé tomar más precauciones / cohibirme más la próxima vez", "voy a hacer como que no lo he oído, así me evito tener que responder con el consiguiente enfrentamiento") el daño me lo ha hecho la explosión de rabia, de furia, y a la vez de impotencia, porque esta es la mayor expresión de desprecio y odio que he sufrido jamás. ¡Y encima tendría que darles las gracias por pretender "curarme" y no exterminarme como todavía se hace en demasiados países! Sentir que te tratan como un problema que hay que arreglar, no como una persona que pueda sentirse herida, que sólo quiere sentirse querido en un mundo en el que la gente ya no se saluda en la calle. Porque para ellos no existe el homosexual como persona independiente, sino el "lobby gay" como concepto, como problema, como una especie de ente (ni siquiera como un colectivo o un grupo de personas) peligroso a la par que indeterminado. Cuando les escribí quejándome por el spam, pese a que les decía que yo era gay, en su respuesta no son capaces de entender que yo sea gay. Por lo visto un gay no puede escribirles porque para ellos sólo existe el "lobby gay", no las personas gays. ¡Su respuesta fue prácticamente que el "lobby gay" votó con mis datos! ("You can thank your gay friends that we have your email address"). Vamos, que además de todo esto, resulta que el "lobby gay" tiene la culpa hasta de que ellos roben los datos de 35.000 españoles utilizando como tapadera un proyecto sobre democracia de la Universidad Complutense. Sientes cómo anulan tu individualidad (no soy un gay, no pienso por mí mismo, para ellos sólo soy parte del contuvernio, parte del "lobby gay") para insultarte, ofenderte, humillarte, vejarte, degradarte... pero como parte de un ente, no como persona porque ni eso eres. ¿Por qué me hacen esto? Oh, no es contra mí, sólo es contra todos los homosexuales. Genial, eso debería hacerme sentir mejor, ¿verdad? Como quien dice que todos los (negros/judíos/mujeres/jueces) son (ponga-aquí-cualquier-barbaridad). No lo dice de tí, sólo lo dice de todos los (negros/judíos/mujeres/jueces), no tendrías que darte por aludido sólo por ser (negro/judío/mujer/juez).

Todo esto es lo que siento, saliendo de manera desgarradora de lo más profundo de unos recuerdos que ya daba por olvidados, cada vez que recibo los mensajes homófobos de United Families International gracias a que robaron mis datos personales, junto a los de más de 35.000 personas, de una base de datos de la Universidad Complutense enmarcada en un proyecto sobre democracia. Es el dolor que me provoca United Families International cuando invade mi privacidad con un mensaje donde se congratula por una nueva cura contra mi "enfermedad", que posiblemente pasa por el uso de electroshocks, cuyo objetivo no es que yo deje de ser homosexual, porque uno siempre es lo que es, sino que deje de parecerlo.

Ahora sólo quiero que se haga justicia. No me devolverá la dignidad. No hará que reciba menos agresiones. No ayudará a que este sea un mundo mejor. Pero me hará sentir menos avergonzado del mundo que me rodea. Y, sobre todo, me ayudará a volver a activar ese filtro que me permitía ignorar esos pequeños detalles del día a día que tanto daño hacen.

Enlaces: Más información sobre el caso de United Families I
Creado por diego | 0 comentarios | 06/10/06 21:28

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