Guayedra
Capítulo IX: En la boca del infierno en Guayedra
Capítulo IX: En la boca del infierno
En la boca del infiero
Capítulo IX: En la boca del infierno
A pesar de ser reticente en caminar, Elvira siguió al trío de jóvenes por el pasillo de la derecha. Habían caminado unos 25 minutos, cuando la perra corre a refugiarse entre las sombras de su amo.
A lo lejos un ligero resplandor tras el último recodo. Al principio pensaron en que podría ser una salida, pero unos ruidos lograron alertarlos. Jeyson, con un ademán, manda a callar a May que venía quejándose del camino y apaga la linterna.
“ Voy a acercarme. Sostén a la perra, Lucas, para que no haga ruido ”. - Moviéndose sin carga, El Ratón se va acercando hasta el lugar de donde provenía la luz.
“ Pueden venir, no pasa nada, todo controlado ”. - Se escucha en la oscuridad la voz de Jeyson.
Tanto May como Lucas se incorporan para seguir los pasos de su compañero. Al llegar al recodo, dos grandes sombras saltan sobre ellos… Elvira intenta defender a su amo. Una de las sombras desenvaina un afilado naife con empuñadura blanco marfil: la hoja brilla al contacto con la tenue luz del frontal de May. El afilado cuchillo ancestral logra entrar en la piel y en el cuerpo de la perra, que le hace emitir un sonoro aullido de dolor, quedando en el suelo inmóvil.
“ Has matado a mi perra, joputa ”. - Logró gritar Lucas ante el desespero de ver caer a su ser más preciado.
Otras dos figuras aparecen por detrás de los jóvenes… Al fondo, Jeyson sujeto y amordazado por tres grandes figuras vestidas con capas negras a forma de esperanceras, mantas magas y ropajes oscuros. En unos segundos se encontraban los tres sujetos por fuertes manos.
Les pusieron unas vendas en los ojos y fueron guiados durante un rato por caminos de lava. Primero hacia la derecha, hacia abajo, siempre hacia abajo. Había pasado un rato cuando les obligan a detenerse. Tras unos minutos de desconcierto, unas suaves manos le quitan la venda a Lucas… una voz melodiosa y tranquila, le va diciendo:
“ Bienvenido, Ichasagua. Estaba escrito en el libro del Magett que una vez fuiste al Sol y que volverías de él para hacer respetar nuestros designios, nuestra cultura y nuestras tradiciones… y que tu pacto fuera respetado hasta el final ”.
Lucas miraba a la persona que lo llamaba por ese extraño nombre. Y observaba la gran cripta subterránea en que se encontraban: era una sala de una burbuja de aire en la lava. En el centro, un gran sol dibujado en el suelo; en él una espiral de donde salía un rayo. Delante un altar, unas marcas a sus pies que formaban otra espiral, como canales por donde ha de pasar la sangre del sacrificio. La espiral terminaba justo en una piedra, manchada de sangre negra y cuajada.
El fuerte olor del lugar, a sangre y a muerte, le perforaba la respiración. Una veintena de hombres, ataviados con mantas esperanceras oscuras, se encontraban meditando alrededor del altar donde estaba una figura de piedra con forma semihumana.
Todos los miembros llevaban un cachorro canario en su cabeza, a media ala, y con una bufanda tapaban sus rostros, dejando ver sólo los ojos de cada componente.
Unos cinco hombres más estaban situados en zonas estratégicas, vigilando con grandes bastones: en lo alto de la cúpula, en unos estrados especiales esculpidos en la roca...
“ Soy Guetón, Faycan de Nast. Sacerdote Mago de la Orden Nasteriana. Perdonar el trato dispensado, pero no sabíamos que vendrían, aunque esperábamos tu llegada ”. – Dice uno de ellos.
Lucas mira con asombro a la persona que le habla, como si lo conociera de toda la vida. En la piedra del sacrifico ve el cuerpo de una mujer. Mira a May, ésta también ve lo que mira Lucas.
“ ¡ Khatay, es Khatay... ¡ ”.- Grita May, intentando acercarse más al altar; pero las manos que la sujetaban hicieron prensa sobre sus brazos, dejándola sin poder moverse hacia donde pretendía.
“ ¿Qué pretenden hacer con ella? ”.- Pregunta Lucas, intentando mirar a los ojos del enigmático sacerdote.
“ Ichasagua, el sacrificio de la Harimaguada será el que te libere cuando celebremos el día de El Sol y por la cripta se ilumine el Rayo Verde ”.
“ Yo no soy Ichasagu, o como quiera que me llames... y no entiendo nada de lo que pasa ”. - Intenta cortar el discurso del faycan.
“ Ichasagua es el enviado de Nast. Él ha elegido tu cuerpo y tu vida para volver a nosotros. Cuando el Gran Sol trepe por la ladera, hay un momento en el que su resplandor se convertirá en el Rayo Verde del Poder… al pasar los filtros de la lava, iluminará el altar y la ofrenda de la Harimaguada liberará el espíritu de Ichasagua, que ocupará tu cuerpo para siempre. Él está en ti, desde que naciste fuiste marcado… la primera en darse cuenta fue ella ”. - Señalando a la harimaguada. – “ Pero pronto te descubrimos. Sólo teníamos que traerte hasta aquí… y has venido solo ”.
Mientras hablaba el Sumo Faycan, caminaba haciendo ver que lo que hablaba era fruto de las enseñanzas de siglos de espera.
“ Ichasagua también es el enviado del Rayo Verde ”. - Un grito desde el centro de la piedra se hace notar. La voz de Khatay llega a todos los lugares de la cripta, todos miran hacia el lugar de donde provenía el grito.
“ Lucas, tú eres Ichasagua. Tendrás que tomar posesión de ti mismo, pero sólo tú decides el lado que buscas: o la luz del Rayo Verde que proporciona Chatxiratxi o la oscuridad de la sombra de éste, que es Nast ”. - Decía con poca fuerza la Harimaguada, atada de pies y manos en la negra piedra.
Lucas mira a Guetón y dirigiéndose a él le dice: “ Los antiguos canarios no hicieron nunca sacrificios humanos de ofrenda a los dioses magos. No entiendo por qué ella, no entiendo por qué matar ”.
“ Nast no fue escuchado por Magett. Nast no es Magett. Nosotros hemos realizado el sacrificio que nos pidió, siempre seguimos las enseñanzas de nuestros mayores ”. - Le indica con tono áspero y rudo el hasta ahora amable sacerdote.
Un silencio sepulcral se hace en las profundidades de la cripta. Lucas logra soltarse de las manos de Guetón y se aleja dos pasos hacia atrás.
“ Si crees que soy quién dices que soy, no te interesará que termine con mi vida...” - Diciendo esto, Lucas logra arrebatarle a quien le custodia el naife, que pone directamente en su cuello con la intención de hacer uso de él sobre sí mismo.
“ Ichasagua, ésa es otra postura ”. - A pesar de intentar aparentar normalidad, el sacerdote llamado Guetón titubea, lo coge de improviso la reacción del enviado. “No sacarás nada de eso... si te matas tendremos que seguir con el sacrificio y buscarte en otro cuerpo...” - Intenta calmar a Lucas.
Desde de lo alto de una peña, un ladrido seco irrumpe en la cripta haciéndose oír en todas sus dimensiones. Elvira salta sobre uno de los vigilantes apostado en lo alto, haciéndole caer sobre el lugar del sacrificio.
Los segundos de desconcierto son aprovechados por Jeyson para desatarse de sus custodios. Con dos fuertes empujones logra salir hacia un lado de la gruta. Sus guardianes caen: uno quedó inconsciente tras un golpe seco de su cráneo contra el suelo; el otro, al intentar levantarse, recibe una fuerte patada en la cara, dejándolo grogui durante un buen rato... salta hacia lo que prevé una salida de aquella cueva... sube por las paredes como un perenqué en busca de sustento.
“ Atraparlo, atraparlo ”. - Grita con toda sus fuerzas el sacerdote. Tres robustos sectarios salen tras de Jeyson, pero la pericia de éste logra mantener su ventaja.
May golpea fuertemente a uno de sus guardianes mientras Elvira ataca al otro. De repente un golpe seco la deja en el suelo con un brote de sangre en la cabeza. Elvira toma la dirección de Jeyson, alejándose de aquel lugar que se convierte en un cúmulo de gritos y desasosiego.
Una ráfaga de disparos se deja escuchar en la gruta, rebotan por toda la estancia. Las paredes hacen que un proyectil se convierta en mil al chocar contra una pared e ir hacia la otra… sólo la desaceleración y los cuerpos paran el continuo rebotar.
Lucas, entre todo el alboroto, ve como una de estas balas perdida - disparada por un niñato nervioso - da en el cuerpo de Khatay aún atada en la pila del sacrificio. Su mirada fue hacia Lucas, que desde los metros que le separaban la escuchó susurrar... dejando escapar su último suspiro, la bala le había alcanzado el pecho. Su ropa se teñía de rojo; unas lágrimas brotaban de sus ojos, cristalizados por la presencia de la muerte.
Sólo pudo ver un resplandor. Primero pensó que era muy brillante, pero luego lo vio claramente: era un Rayo Verde que lo cubría, mientras que su entorno explotaba y todo saltaba por los aires. Fue lo último que vio, al menos de forma consciente.
Creado por vakaguare | 0 comentarios | 20/04/06 13:05
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