Carlos Gardel - El Oriental
GARDEL POR GARDEL, para EL DEBATE de Montevideo - en Carlos Gardel - El Oriental
GARDEL POR GARDEL, para EL DEBATE de Montevideo -
Entrevista completa de Segundo Bresciano - Más interesante aún que conocer lo que decían de Gardel sus amigos, resulta ver las contradicciones en que incurría el cantor al hablar de sí mismo en los reportajes.
El 1º de Julio de 1935, el Diario El Debate de Montevideo, exhuma un reportaje que el periodista Segundo Bresciano hizo a Carlos Gardel en junio de 1930.
Todavía no había aparecido el testamento ológrafo y pasarían 25 años antes de AVLIS comenzara a hurgar en el verdadero origen del cantor.
Como era habitual en sus reportajes, Carlos Gardel eludía el tema de su nacionalidad y sus declaraciones eran contradictorias al hablar de sus padres.
Podrá decirse que Gardel se dijo nacido en Tacuarembó porque eso es lo que decía su documento. Versión antojadiza porque Gardel no mostraba su documento al periodismo.
¿Pero qué razón podría llevar al cantante a declarar 48 años de edad como no fuera ésa la verdad?.
Gardel se decía en su documento nacido en 1887. De ser eso verdad tendría 43 años en 1930.
Es absurdo pensar que un artista se agregue años en su documento y más aún que públicamente confiese una edad que supera la que le adjudica su documentación.
Solamente puede haber una razón que justifique tal declaración: “Gardel confesaba su verdadera edad”.
También llama la atención que Gardel se dice hijo de franceses (de hecho vivía con Berta Gardes, su madre adoptiva, lo que justificaría su declaración).
Pero se dice de sangre criolla.
Afirma que su padre era “tipógrafo” y tenía una imprenta.
Gardel se dijo “tipógrafo” al ser detenido en Florencio Varela.
Berta Gardes dijo que Gardel se había ido a los 14 años, (desapareciendo durante seis) porque había conseguido un empleo de “tipógrafo” en Montevideo.
De acuerdo a su declaración Gardel tendría 14 años en 1896.
Esteban Capot afirmó que Gardel trabajó en la imprenta Bon Marché como “tipógrafo”.
Gardel declaró al “El Diario”, de Montevideo, del 19 de Septiembre de 1933 , haber trabajado en “El Heraldo” de Buenos Aires como “tipógrafo”
La imprenta “Bon Marché” editó “El Heraldo” de Buenos Aires entre julio de 1904 y marzo de 1905, justamente en el período en el que Gardel fue detenido en Florencio Varela y se dijo “tipógrafo”.
También cuando estaban por cumplirse los seis años de ausencia de la casa materna.
Gardel tuvo seis años para aprender el oficio de tpógrafo.
Gardel dice al diario “El Debate” que su padre era “tipógrafo” y tenía una imprenta.
Carlos Escayola era dueño de una imprenta en Tacuarembó...
Clelio Oliva, hermano de María Lelia Oliva, era su director.
¿Simples coincidencias?
El DEBATE
Montevideo
Lunes 1º de Julio de 1935
Página 5
ENTONCES CONFESABA TENER 48 AÑOS DE EDAD Y SER URUGUAYO
En París, cantando “El Carretero” hacía delirar a los franceses. – Orsini era el cancionista que más le agradaba. – Un vaticinio que se cumple: quería ser artista de cine. – Lamentaba no haber conocido al viejo Pancho. – Canción que el hubiera preferido – Más de treinta mil cartas de admiradoras. – Lo más que ganó una noche cantando. – Lo que pensaba del hombre y de la mujer. – Su padre, francés, era tipógrafo. – “Gané mucho pero mi sangre torera me impidió empacar”. – Su ideal artístico: el film sonoro. – Su ideal personal: Los amigos leales.
(Exhumando una interviú hecha por Segundo Besciano)
LA INTERVIÚ
Intervieuvar a Carlos Gardel no era una empresa fácil. En la Argentina, en Montevideo, y en todas partes, siempre huyó a los repórters. Detesta la exhibición pública. Y más que ello, teme el juicio público. No quiere juzgar para no ser juzgado. Hombre modesto, sereno, tranquilo, sólo amante de la conversación íntima, le resulta molesto confesar a la opinión pública sus andanzas, sus sentimientos y sus ideas. Pero… yo no desmayé. Gracias a mi excelente amigo Razzano pude entrevistarlo.
– Oye, tú, Carlos – le dijo – espero que atiendas a un repórter amigo mío.
– Es que… – interrumpió Gardel.
– Nada – insistió el bueno de Razzano – Atiéndelo. Es mi amigo y los amigos son sagrados.
“¡QUE PASE!”
– Bueno, que pase.
Y pasé al camerino del sin igual cantor criollo. Agradecí como era debido su exquisita deferencia a Razzano. El gabinete de Gardel estaba atestado de amigos, de curiosos y de artistas. Jamás en mi vida de periodista celebré una entrevista ante tanta concurrencia.
Y en verdad que resulta pintoresco solicitarle a un artista la confesión de sus intimidades, de sus amores, de su vida personal, y que esa confesión, que debe ser dicha al oído, en voz baja, sea dicha en voz alta delante de tantos curiosos. Pero “la curiosidad – ha dicho Rafael Barrett – es buen apetito del espíritu”.
– ¿Qué he de confesarle? Me dijo, de entrada Gardel.
–No se preocupe usted – le contesté – Usted no tendrá otra cosa que contestar a mis preguntas.
–Si así es, “che”. Estoy listo.
COMO ES EN PERSONA
Carlos Gardel tiene toda la franqueza, toda la sencillez, toda la galanura y toda la exquisita amabilidad de un criollo machazo. Es un corazón a flor de labio. Se entrega al amigo de entrada. Se da todo. Tiene la misma sencillez que una canción gaucha. Me da la dulce impresión de uno de esos hombres del campo que a todo el mundo le da los buenos días. Gardel es el mismo hombre bueno, noble, cordial, atento y afectuoso que nos imaginamos oyéndole cantar al son de su guitarra criolla. El hombre corresponde al artista. Hay una armonía perfecta entre el sentimiento del hombre y el sentimiento del artista. Dijérase que cuando Gardel nos entona una meliflua canción gaucha, él mismo nos recuerda el gaucho dolorido, el personaje de la letra.
EL PADRE ERA TIPÓGRAFO
En todas sus respuestas, en todas sus frases, en todas sus palabras, Gardel nos dirige un “che”. Pero es el “che” no de un hombre que se permite una ligera confianza, sino de un hombre de alma cariñosa, noble y amistosa, que desea entregarse sincera y buenamente a su interlocutor.
– ¿De qué nacionalidad eran sus padres Gardel? – inquirimos.
Franceses – repuso.
– Dígame la profesión que ejercía su padre.
Era tipógrafo. Tenía una imprenta.
SU AFICIÓN AL TEATRO
– ¿Cómo nació su afición al teatro?
– Antes de ser yo un cantante profesional, cual soy ahora, fui un aficionado errante, que andaba de aquí para allá, cantando romances y partes de zarzuela. Me daba por imitar a los tenores. Desde niño, entraba en los teatros, oía cantar y luego salía imitando a los artistas. Puede decirse, “che”, que yo nací en el teatro. Así como un bohemio precoz, cantaba de afición. Yo no quería recibir dinero de nadie. Cantaba por placer, para satisfacer una inclinación natural. Donde hubiera una fiesta de amigos, o donde hubiera un festival íntimo, allí estaba yo para deleitar a los concurrentes. Pero lo curioso “che”, es que a esa edad yo mismo componía la música de mis canciones.
Y ahora ¿por qué no hace música usted?
¿Para qué? ¡Hay tantos compositores!
Esta frase algo irónica de Gardel me trae a la memoria una anécdota. En Paris le preguntaron a un sudamericano; En el Río de la Plata ¿hay muchos compositores? – “Muchos – respondió el sudamericano –, pero son compositores de… caballos...”
SU ACTUACIÓN EN PARÍS
– ¿Cuántos años hace que usted es artista profesional?
– Cerca de veinte años
– ¿Con Razzano?
– Sí señor, con él. Lo conocí felizmente en una “patriada”. Somos camaradas inseparables.
– ¿Es cierto que ustedes -…-…-ron incremento en el Royal de Montevideo?
– Quizás. Pero en el Royal de aquellos tiempos…
Dígame algo de París, de las impresiones que usted causó a los franceses.
Creo que mi presencia artística en París fue todo un suceso. Ganaba 6.000 francos diarios. Siempre trabajaba a teatro lleno. En el Empire era yo el primer “vedette”, como se dice allá al artista que encabeza un cartel. La crítica me tributó elogios que jamás olvidaré y que para mi valen más que una corona imperial. Un famoso crítico llegó a expresar que los artistas franceses, los cantantes de la clase media, debían aprender de mí, el arte de cantar.
ES URUGUAYO
Y en efecto, Gardel ha sido glorificado en todas partes. Es todo un ruiseñor criollo. Yo me declaro su sincero admirador. Todos los pueblos le han rendido apasionada admiración. Y muchos pueblos, en el paroxismo de su pleitesía, lo han hecho hijo suyo. Los chilenos dicen que es de Chile; los argentinos que es argentino; los franceses que es francés, y nosotros… Bueno, quizás nosotros somos los únicos que tenemos razón. PORQUE GARDEL ME LO HA CONFESADO, YO ESTOY EN CONDICIONES DE AFIRMAR QUE TAN EXQUISITO CANTANTE ES URUGUAYO; ES MUY NUESTRO. ¿MÁS AÚN? NACÍ EN LA CIUDAD DE TACUAREMBÓ. A TACUAREMBÓ LE CORRESPONDE EL DISPUTADO HONOR DE SER CUNA DE CARLITOS GARDEL.
EL CARRETERO, SU CANCIÓN PREFERIDA
– ¿Cuál es la canción que ha entonado más?
– Todas me llegan al alma.
– ¿Y la canción que usted cantó con más placer?
El carretero. Es mi canción predilecta. ¿No cree usted, che, que este canto es todo un cuadro viviente? Para mi “El Carretero” es un pedazo de vida reflejado de manera admirable. En París esta canción hacía delirar a los franceses, Yo me presentaba vestido de gaucho, la escena típicamente campera, aparecía alumbrada con colores fantásticos… ¡Qué efecto más deslumbrante! Y cuando yo daba aquel silbido del carretero que azuza la marcha de sus bueyes; Uifff… Uifff… Uifff… “¡Delantero, huella, huella, buey!”. Y Gardel silbando me evocaba las impresiones que ejercía en el ánimo de los franceses el silbido del carretero.
RECUERDA A “EL VIEJO PANCHO”
– ¿Cuántas canciones tiene usted grabadas en disco?
– Cerca de dos mil.
– ¿Su poeta y su músico preferidos?...
– Todos, todos los que escriban con el alma.
– Sin embargo, Gardel, nada me emociona tanto como usted cantando “Insomnio” u “Hopa, hopa, hopa”.
Mire, che, el viejo Pancho es un monumento. Yo siento mucho que no haya podido conocer a este viejo lindo. Sólo llegué a conocer a su hijo.
NO LE ASUSTA EL PORVENIR
– Se dice que usted ha ganado mucho dinero en el teatro – insinué.
– Es cierto – repuso. – Gané mucho, mucho, increíblemente mucho. Pero como todo buen criollo me quedo sin nada.
– ¿No le asusta el porvenir?
El porvenir es el presente. Quien lleva sangre criolla no se asustará jamás del porvenir.
SU CONTRATO MÁS ALTO
Un célebre escritor ha dicho que nada es tan triste como recordar los momentos felices cuando se está en desgracia. Le pregunto a Gardel si mañana, cuando esté pobre, no recordará con tristeza este presente tan dichoso. Y él, sonriente y campechano, me contesta:
– En el teatro yo gané lo más que puede ganar un artista de variedades. Pero le repito che, no me guardo nada. La sangre torera me impidió empacar. ¿Que mañana no tendré nada? Es hoy que ya no tengo nada y sin embargo che, soy tan feliz como cuando nadaba entre el oro. ¡Mientras me quede esta guitarra para cantar! Y se quedó acariciando su dulce vihuela, como quien acaricia a la novia soñada.
– ¿Su contrato más alto?
– Fue en Londres. Ganaba 10.000 francos, o sea 1.000 pesos oro.
Y un amigo gordo, muy gordo, interrumpió para decir: “Acordate Carlitos, aquella temporada de Solís. En ocho días ganaste ocho mil pesos oro”. (Era el Ñato Pérez)
– ¿Le producen mucha ganancia los discos?
– Lo suficiente para hacer hervir la olla de muchos.
CORSINI, SU CANTOR PREFERIDO.
Las frases de Gardel son así, lisas, llanas, campechanas. No se va en rodeos. Al pan, pan y al vino, vino. Dentro de una admirable sencillez criolla expresa verdades crudas pero hermosas. Pero todo lo dice sin malicia; sus palabras son acariciantes, suaves y dulces. Pega pero sin doler. Entra en la carme pero sin producir escozor. Tiene la ironía aterciopelante del criollo. Para zaherir no necesita ni de gesto ni del insulto. Le basta burlarse lo más finamente posible.
- ¿Ama el teatro?
- Sí. El drama, la comedia ¡todo!
- ¿Sus artistas preferidos?
- Todos, porque todos son mis amigos. Yo no tengo enemigos.
- ¿Cuál es el cantante criollo que más le agrada?
- Corsini.
RECUERDA A CASSAUX
En este momento Gardel tiene un recuerdo triste; Cassaux. Una ligera emoción parece reflejarse en sus hermosos ojos negros, negros como la negrura de un dolor gaucho. Cassaux era amigo de Gardel. He aquí el secreto de su emoción, “Un día – nos dice Carlitos – Cassaux me oyó cantar y vi que al terminar mi canción estaba llorando. Aquel amigo era muy sensible porque era muy noble.
UN IDEAL QUE SE REALIZÓ
- ¿Cuál es su ideal en el teatro?
- El film sonoro.
- ¿Piensa marcharse otra vez a Europa?
- Si, en septiembre; pero si me arreglara para hacer films sonoros entonces iré a Norte América.
CÓMO QUERRÍA UNA CANCIÓN
Si usted se hiciera componer una canción de encargo, como para usted, ¿Cómo la preferiría?
- Querría una canción gaucha, bien típica, de sabor campero, puramente descriptiva.
- ¿Ha llorado alguna vez cantando?
- Muchas veces, y casi siempre he llorado delante de públicos extranjeros. En París, en Londres, en España… la lejanía del terruño me produce nostalgia. Y entonces, al cantar, lloro.
LO QUE MÁS ADMIRA
- ¿Qué virtud admira más en el hombre?
- La franqueza.
- ¿Y en la mujer?
- La lealtad
Un amigo, no sé si Morganti, arrojó esta calabaza: “Franqueza en el hombre y lealtad en la mujer… che, Gardel; no vivas atrasado.
EL PÚBLICO URUGUAYO
- ¿Qué público lo cautiva más?
- Este, el uruguayo. Pero el público porteño también es bueno.
- ¿Ha pasado usted penurias alguna vez?
- ¡Si las habré pasado che! Pero este tipo que usted ve aquí, de cuerpo presente, ha resultado un tipo de aguante. Jineteé el potro de la pobreza pero sin revolcarme.
SU IDEAL EN LA VIDA
- ¿Su ideal en la vida?
- ¿Mi ideal?
Gardel se estaba mirando al espejo, estaba maquillándose el rostro. Miró rápidamente a sus amigos después me miró a mí y dijo:
- Mi ideal en la vida… ¡Bien sencillo es! Quisiera que mañana cuando deje de cantar mis amigos de hoy no dejaran de ser mis amigos…
Hubo un silencio profundo, como cuando se ha pronunciado una frase solemne. Las palabras de Gardel dichas suavemente como un rumor de alas penetraron en el auditorio haciendo el efecto de una bala dun-dun. Más allá de los vericuetos del corredor, gritó una voz desconocida: Ese palo no es pa’ mi rancho. (Era Morganti).
SU DEFECTO Y SU VIRTUD
- ¿Se siente usted con los mismos bríos para cantar?
- Sí, che, después de la operación que sufrí en mi garganta quedé como nuevo.
- ¿Cuál es su mejor virtud?
- Ser un hombre sereno. Así como hay hombres que no pierden la línea del traje, yo trato de no perder la buena línea de mi humor.
- ¿Su peor vicio?
- ¡Las carreras! ¡Esos malditos pingos!
Y se puso a entonar:
Berretines que tengo con los pingos,
metejones de todos los domingos.
Por tu culpa…
- te encontrarás sin nada – gritó Morganti, siempre cáustico y oportuno.
NUNCA FUI UN AMARGADO
- ¿El día más feliz de su vida, Gardel?
- Siempre, che. Cuando no estoy feliz por mi mismo, lo estoy por la felicidad de algún amigo. Yo participo de la alegría ajena.
- ¿Y el día más amargo de su vida?
- ¡Nunca! ¡Nunca fui un amargado!
- ¡Feliz de él! Un artista así, siempre feliz y jamás molestado por pena humana. Es digno de escribir un libro sobre la felicidad.
Esos ojos de Gardel, tan luminosos, tan sonrientemente luminosos, son capaces de cautivar y magnetizar a las hijas de Eva: un rostro de perfiles tan armónicos y de una piel tan lozana y tersa; todo su físico, gallardo y arrogante: todo su yo, todo lo que es él en materia y en espíritu, demuestra que es un hombre que está contento de haber nacido, al revés de aquel poeta que se quejaba de haber nacido demasiado joven en un mundo demasiado viejo.
CARTAS AMOROSAS
Por fin, le susurro al oído como para que nadie oiga:
- Dígame, Carlitos, ¿ha recibido muchas cartas perfumadas, color rosa?
Se sonríe, y también me responde quedo, muy quedo, al oído:
- No lo diga, pero creo que he recibido más de treinta mil cartas de admiradoras. En una compañía de radio de la Argentina, llegué a calcular veinte mil cartas.
- Landrú – gritó, otra vez. Morganti.
NUNCA SUFRÍ REVESES AMOROSOS
Y dos minutos después, aquel cantor admirable y admirado, dos minutos después aquel mozo gallardo, que encanta a las muchedumbres con su voz cálida y armoniosa: dos minutos después “aquella alma que canta” aquel inigualado artista e intérprete del espíritu criollo, se marchaba ufano al escenario. Me tendió su diestra campesina y me respondió así a mi última pregunta:
- Yo nunca sufrí reveses amorosos. Y no los sufrí porque nunca los tuve en cuenta. Los dejé pasar de largo, che.
LA CANCIÓN AMADA
El teatro estaba como en misa solemne. Silencio profundo. Y era que Gardel, como allá en Paris tenía cautivado a los espectadores con el canto melodioso de “El Carretero”:
NO HAY VIDA MÁS ARRASTRADA
QUE LA DEL POBRE CARRETERO
CON LA PICANA EN LA MANO
PICANDO AL BUEN DELANTERO…
Y oyese un silbido largo, muy largo, un silbido agorero, como de arriero que azuza a la hacienda.
“Huella, huella, buey”.
Segundo Bresciano
Montevideo, Julio de 1930
Creado por eloriental | 0 comentarios | 29/08/07 06:15
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