Carlos Gardel - El Oriental
Del libro “Historias de Tango” de Angel Olivieri - Ediciones Arrabal, Bs. As. 2005 en Carlos Gardel - El Oriental
Del libro “Historias de Tango” de Angel Olivieri - Ediciones Arrabal, Bs. As. 2005
Interesantes recuerdos y opiniones personales vertidas en su libro “Historias de Tango”, complementado con muy buenas fotografías de su colección, por uno de los más importantes coleccionistas gardelianos, Don Angel Olivieri.
Del libro “Historias de Tango” de Angel Olivieri
Ediciones Arrabal, Bs. As. 2005
Mi amigo Razzano
Página 24, 2º párrafo
Fue don Pepe el compañero ideal para acompañar a Gardel. A su lado estuvo 20 años. Compuso con él alrededor de cien temas. Era el socio que él necesitaba. Su personalidad, su experiencia, su inteligencia en cuanto al manejo de todas las variantes relativas a actuaciones de radio, teatros o cines, lo mismo en lo referente al tema de los contratos que debían cumplir, fuera con empresas grabadoras o compañías de teatro. Su capacidad negociadora simplificaba o disimulaba cualquier desencuentro que pudiera malograrles la posibilidad de progresar artísticamente a los dos. Su comprensión del ambiente y su habilidad en los negocios lo llevaba a resolver cualquier desavenencia. Su profundo conocimiento de los hombres que se iniciaban en esa época difícil les facilitaría hacerse un lugar en el ambiente artístico.
Era emprendedor y audaz. Tenía una visión progresista de la vida y tal vocación lo llevaba a intentar escalar posiciones para llegar a conquistas impensadas en sus actuaciones, en niveles que otros no pudieron llegar nunca.
Me queda de él y de esa casa un recuerdo eterno e imborrable por lo que significó para mi espíritu, por lo que atesoraron sus paredes de presencias permanentes de ídolos populares, que adornaron con su imagen y con la magia de su arte, ese templo. Fue un referente valioso para varias generaciones de autores, compositores de música y gente, relacionada con la actividad musical, quienes lo consultaban con gran frecuencia. Por eso quedará en la retina y en el corazón de los que tuvimos el privilegio de vivir y compartir los momentos idos de su disposición generosa de brindar a todos una amistad sincera y leal.
No todas fueron rosas en la trayectoria de su vida. A pesar de que fue el amigo de todos, hubo gente que al triunfo de los demás no podía aceptarlo y con calumnias e infamias trataron de disimular su propio fracaso. Quizá debido al odio, la envidia o el resentimiento, que anularon sus mentes y sentimientos cayeron el la bajeza de querer destruir a un hombre que a fuerza de sacrificio, de desvelos y lucha alcanzó la cima de sus aspiraciones más queridas y soñadas. Él supo sobrellevar una situación tan dura, supo comprender y disimular los golpes y a pesar de la tristeza y la amargura que vivió no pudieron desviarlo de su vida de relación y amistad hacia los que quisieron y supieron valorar su personalidad y conducta intachable, que mantuvo siempre como estandarte al frente de su trayectoria artística.
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Última cena de Gardel con Razzano
Página 27
El señor Armando Defino en el libro que escribió La verdad de una vida, asegura que en la última cena de Gardel en casa de Razzano, organizada por Isabel del Valle, hubo discusiones y peleas. Eso es falso. Lo sé porque fui amigo de todos los que asistieron esa noche.
Isabel programó la cena con la esperanza de que conversando se pudieran solucionar las diferencias entre ellos. Lamentablemente las conversaciones fueron las habituales y los dos eludieron diplomáticamente hablar del tema. Terminada la comida Gardel se despidió de los presentes y, llamando aparte a doña Cristina, la mujer de Razzano, le dijo:
- Señora, me voy. Le agradezco de corazón sus atenciones y le digo con sincero afecto que si en algún momento de la vida tuviera algún problema, usted o las chicas, me llama y yo la voy a ayudar en todo lo que pueda.
Así se fue Gardel de la casa de Razzano. Con toda cordialidad, la misma que tuvo siempre en el trato con la familia de quien había sido el compañero inseparable de la mayor parte de su trayectoria artística. Todos los que estuvieron allí me relataron la misma versión de lo ocurrido. Lo demás fueron tergiversaciones de ese momento tan especial que les tocó vivir a ambos. Como sea, Gardel se fue y Razzano, que se convirtió en el chivo expiatorio criticado y difamado, se llamó a silencio. Pasaron los años y él mantuvo la misma actitud… dejó que hablaran.
¿Quién fue el que tergiversó los hechos? Gardel se descarta, era demasiado noble para hacer una cosa así. Defino no había asistido a la cena, y el libro que escribió se publicó después de su muerte. No obstante, la compaginación fue hecha por su esposa, y por ahí podía estar el origen del malentendido.
Allá por el año 48 Razzano le escribe a Juan del Monte, gran periodista del diario Noticias Gráficas una carta que más que una carta es un poema a la memoria de Gardel. A pesar de lo que había pasado él siguió fiel a esa amistad, inseparable de su propia vida y de la cual hizo un culto que lo acompañó, sin renunciamientos, hasta los últimos días de su existencia.
La gente que lo difamó, antes y ahora, jamás podrá decir que Razzano alguna vez haya escrito o dicho algo en contra de la persona de Gardel. Siempre rodeado de los valores de la música popular, su casa se asemejaba a un café de barrio donde se encontraban los amigos: Aníbal Troilo, José Pécora, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo, los hermanos Fresedo, Charlo, los tres hermanos Canaro, Fernando Ochoa… todos le brindaban un gran afecto y fueron testigos de que él seguía respetándolo y queriéndolo. Yo mismo soy testigo de que su casa estaba empapelada de fotos de Gardel. Al lado de su cama, sobre la mesita de luz, tenía un portarretrato con la foto de Carlitos que alguna vez le dedicara. Eso lo vi con mis propios ojos.
A pesar de no ser ya administrador y representante de Gardel, nunca se sintió lejos de lo que había sido el motivo de su lucha, y lo sintió así hasta que se le fue la vida. Él siempre estaba dispuesto a defenderlo. A las podas semanas de su separación se enteró, estando en SADAIC, que Carlitos estaba por firmar un contrato con la casa Víctor. Alarmado le envió a Gardel un telegrama advirtiéndole que lo que había firmado con Odeón todavía estaba vigente, y que eso le podía traer un dolor de cabeza. Gardel le contestó con otro telegrama: Agradézcote consejo, pero Defino ocúpase de mis negocios. Categórica la contestación porque Gardel malició, pensó o creyó, que por encima de sus consejos había una intención irónica, la de hacerle notar el error cometido por su nuevo representante. La cuestión no terminó allí, ya que, tal cual lo preveía Razzano, Odeón le envió su abogado a Víctor amenazando con un juicio y exigiendo una indemnización económica. Después de arduas y difíciles negociaciones se llegó a un acuerdo de partes. La Víctor se comprometió a entregar a Odeón todas las versiones de las películas americanas incluyendo lo que Gardel había filmado con Lepera, y la Víctor recibió la misma cantidad de versiones que grabara Gardel, con anterioridad, en Odeón. Odeón no quiso exigirle nada a Gardel ya que quería preservarlo de cualquier manera porque le interesaba que siguiera siendo el intérprete dilecto de su sello.
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Los derechos de autor
Página 41
1943: muere doña Berta, la mamá de Carlitos. En su testamento lega todos sus bienes, recibidos en herencia de su hijo, al señor Armando Defino. Dicho señor producirá uno de los más grandes errores en la conducción administrativa de los bienes que fueran de Carlos Gardel.
Él se autodefinía como un gran amigo de Carlos pero para asombro de todos, ante la sorpresa de allegados y amigos, incluso de su propia esposa Adela, que hizo lo imposible para que la operación se frustrara, puso a la venta, en febrero del 45 los derechos de autor de Carlos Gardel. Luego continuaría vendiendo la casa de Jean Jaurés y los derechos de las películas filmadas por el ídolo.
Se podrá aducir que Gardel ya había muerto, pero él recibió la herencia casi en forma directa de las manos de Carlitos, lo que lo convertía en el depositario de un legado espiritual. Al margen de su valor económico era producto del empeño de tantos años de lucha, de sortear momentos de privaciones y angustias, de afanes, de anhelos, de tantas ilusiones hechas realidad a fuerza de temple y vocación de grandeza.
Resulta difícil adentrarse en el pensamiento de un hombre que comete tamaño error.
¿Cuáles fueron sus motivos?
Es difícil analizarlo y encontrar una respuesta que justifique una medida tan negativa. Fue indudable que no lo pensó con el corazón. Quizás le pareció o pensó que tras la muerte de Gardel el repertorio musical perdería vigencia a través de los años, es difícil saberlo, lo que sí queda claro es que José Razzano, vapuleado y calumniado, se empeñó hasta la cabeza para comprarlos porque creía decididamente que con la desaparición física de Gardel no moría su arte ni su imagen, sino que su obra sobreviviría al tiempo y a la muerte.
Tenía ahorrados casi $ 10.000.- y con la garantía de Canaro y Lomuto, que creían a ojos cerrados en su honradez, gestionó en el Banco Popular un préstamo de $ 20.000 para concretar en $ 30.000 la compra de todo lo que firmó Gardel con Lepera y el 50 del repertorio original, ya que el otro le pertenecía por constituir parte del rubro Gardel-Razzano.
Esa obra era no sólo parte de su memoria artística ya que él colaboró con Gardel en la conformación de tan valioso repertorio, sino también la herencia de un ídolo popular que había quedado en el recuerdo y el alma del pueblo argentino.
Es difícil que cuando se dice la verdad no se hiera la sensibilidad de algunos, por eso, con seguridad voy a recibir críticas, pero es difícil que alguien pueda desmentir o negar la veracidad de estos hechos.
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Nota:
No tengo ninguna animosidad personal hacia la respetable memoria del señor Armando Defino. No pongo en duda su probada honestidad, ni es mi intención el ataque personal a una figura de prestigio, ni hacer una crítica lapidaria de su actuación como administrador de los bienes que fueron de Carlos Gardel y que heredó por decisión de doña Berta, al fallecer. Sólo es un reproche a su decisión de negociar algo que estuvo tan ligado a la vida de Carlos Gardel, a sus éxitos, a sus triunfos, aquí entre nosotros o allá en el extranjero. LO mismo cuando me refiero a la venta de la casa de Jean Jaurés. Hechos puntuales donde es claro que no hubo de su parte un análisis exhaustivo y profundo de la trascendencia histórica de tales bienes. Debió meditarlo en profundidad antes de adoptar decisiones erróneas de tal calibre. Debería haber tenido en cuenta las implicancias posteriores de una medida trascendente como la que tomó. De notoria repercusión en los sentimientos populares, al igual que el impacto anímico y doloroso en el corazón de sus seguidores y amigos.
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El otro testamento de doña Berta
Página 71
Un día Luisa, esposa de Laurent, me contó algo muy serio de lo que, en esa época, nada se sabía.
- ¿vos sabés - me dijo - que el testamento que hizo doña Berta no es el único?
- ¿Cómo? - pregunto yo - ¿hubo más de uno?
- Si, Primero hizo el original donde le dejaba algunas cosas al ahijado, después Defino le hizo firmar el segundo, el definitivo.
Si bien nunca pude confirmar ese hecho directamente sí, de manera indirecta. Ocurrió que un día, en forma accidental la hija de Razzano encontró entre unos papeles ocho o diez recibos chicos que usaba Razzano como adelanto de pago, firmado por todos los colaboradores de Gardel. Me los dio a mí y me pidió que se los diera a cada uno de los coleccionistas o a alguno de los muchachos que, en verdad, querían a Gardel. Así lo hice y aparté un recibo para uno de los coleccionistas más grandes del país por el que siento un gran afecto. Lo cité a mi casa para entregárselo, este recibo estaba firmado por la mamá de Carlitos, doña Berta.
Llega a mi casa, se lo entrego y me dice:
- ¡Qué alegría que me das! ¡Qué suerte! Ahora con este tengo dos firmas de doña Berta.
- Decime - pregunto - ¿La otra quién te la dio?
- Cuando te cuente, no me vas a creer - me dice - Una vez estaba conversando con Adela - la esposa de Armando Defino - en su casa. Él ya había fallecido. Ella me estaba mostrando algunos papeles de una caja que tenía guardada, cuando sonó el teléfono. Fue a atenderlo a la habitación de al lado y yo, por curiosidad, seguí revisando. En una de esas apareció un testamento. Lo empecé a leer y justo apareció la señora. Se puso furiosa. Me sacó los papeles de la mano y me dijo, muy enojada: Esto no se puede leer. Y sin más trámite rompió todos los papeles y los tiró al canasto. En eso volvió a sonar el teléfono y la señora se fue nuevamente a la otra habitación. Yo me animé a revisar los papeles rotos en el canasto y logré rescatar un pedazo con la firma intacta de doña Berta.
Si bien fue importante que lo hubiera rescatado y que no se perdiera para siempre, más importante aún fue que a través de este hecho fortuito hayamos podido confirmar que existieron dos testamentos distintos, como me lo había asegurado la señora de Laurent.
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La separación
Página 157
Allá por los años 30, el Café de los angelitos era el refugio obligado que reunía la famosa barra Gardel-Razzano, Ernesto Laurent, Alfredo y Armando de Ferrari, Roberto Casaux, etc. Eran vecinos del barrio y en ese café vivieron muchas historias de arte y amistad.
Laurent era un hombre de sólida capacidad económica. Tenía una fábrica de calzado y los cheques voladores o documentos incobrables de la firma, iban a parar a la escribanía Ibáñez para intentar cobrarlos, donde Armando Defino trabajaba de empleado. De ese contacto, por la actividad económica bastante frecuente, nació la amistad entre Defino y Laurent. Con el tiempo no fueron pocas las veces que Defino y señora cenaban en la casa del matrimonio Laurent.
Gardel por lo común cenaba con su madre, con la familia de Razzano o con Laurent y señora, Era en la casa de estos últimos donde, cada vez que Gardel, o el dúo, tenía un problema económico o artístico, se reunían. Se sucedían verdaderas fumatas hasta que se encontraba la solución.
Cuando el dúo salía de gira, casi siempre Laurent les adelantaba una cantidad de dinero, y ante una pregunta mía a Luisa, la esposa de Laurent, acerca de si ese dinero era restituido, me contó que tenían con ellos un pacto de honor: al volver de una gira estaban comprometidos, el primer sábado siguiente, a cenar con ellos. Esa noche Gardel y Razzano, religiosamente, les devolvían el importe, además de traerles, como recuerdo, un presente para cada uno de ellos.
Un día en una conversación sostenida durante una cena en la casa de Laurent, donde estaba presente además de los dueños de casa, Alfredo De Ferrari, se comentó un trascendido que no había sido confirmado por Gardel. Ese rumor - que Gardel quería separarse de Razzano -, hizo que De Ferrari, sugiriera a Laurent, la idea de invitarlo a cenar a Carlitos al día siguiente para que él en persona les desmintiera, o no, las versiones que estaban circulando. Así fue como al día siguiente estuvo presente Gardel. El ambiente de la mesa era muy cordial, como siempre, hasta que Laurent en un momento dado le preguntó:
- Qué hay de cierto Carlos… ¿Pensás separarte de José?
- Si, pensaba separarme de mi intención… - contestó Carlos. Es una decisión dolorosa, pero ya la tengo asumida. Necesito cambiar de ambiente. Quiero probar de otra forma, necesito llevar a cabo algunos proyectos. Decidí nombrar a otra persona que me oriente en lo que concierna a mi actividad artística.
- ¿Cómo? - Se sorprende Laurent - después de lo que luchó José para que llegues a lo que sos, te separás de él para irte con otro.
- Escuchá - le dice Gardel -, yo reconozco y agradeceré toda la vida, lo que hizo José por mí, que fue mucho. Pero mi decisión la analicé y la decidí pensándola mucho.
- ¿No pensaste que somos una familia… le recalcó Laurent, y que siempre supimos superar y encontrar entre todos la mejor solución? ¿No pensaste siquiera un momento que si te separás de él también te alejás de nosotros.
Gardel no contestó, ya no podía volver atrás, estaba jugado.
Después que Laurent y los hermanos De Ferrari tuvieron aquella entrevista donde Gardel se negó a dar marcha atrás en su decisión de separarse de Razzano, Laurent se quedó muy deprimido.
Laurent acostumbraba a ir a almorzara su casa alrededor de las 13:00hs. Su esposa preparaba todo y lo esperaba en la mesa.
Un día poco después de la cena que comentamos, me contó Luisa, llegó más tarde que de costumbre. Entró, fue directo hasta la mesa, casi se dejó caer sobre la silla y le dijo:
- ¡Qué amargura tengo Luisa! Después de tantos años de amistad, camaradería y afecto, uno ve con tristeza como todo se termina. Me cuesta mucho aceptar que esta amistad de siempre tambalee al primer desencuentro. Traté de convencerlo pero sus convicciones eran más fuertes que el afecto que nos profesamos durante tantos años.
La última carta de Gardel a Laurent es posiblemente la mejor carta de Gardel que se conoce. La más emotiva y humana que él haya escrito. Uno de los párrafos salientes de esa carta dice: Qué daría Ernesto para volver a estar todos juntos otra vez. Era tarde. Uno está dispuesto a hacer suyas las declaraciones de la madre de Gardel a un periodista uruguayo, si mi hijo no se hubiera separado de Razzano, ni siquiera se hubiera muerto.
O si le hubiera hecho caso a Laurent cuando se opuso con tenacidad a su polémica decisión, oposición que fue casi una premonición de lo que después sucedió. Así terminaba una relación histórica, de muchos años, donde se hacía un culto de la amistad. Todos aferrados a la familia espiritual que integraban en la que, como solía ser muchos años atrás, se respiraba un ambiente de afecto y cariño sincero.
Lo que cuento en este capítulo no lo leí ni lo copié de versiones interesadas. Me lo contó con lujo de detalles, Luisa, la mujer que fue protagonista, junto a su esposo, de estos hechos. Hechos que se incubaron en su propia casa. Aquella cena, por su dramática y trascendental decisión, marcó, en la vida de Carlitos, un antes y un después.
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La casa de Gardel
Página 163
Para el final quise dejar un comentario sobre uno de los aspectos más traumáticos y tristes en la historia de su vida personal y artística: su casa de la calle Jean Jaurés.
Después que fallece Gardel sus bienes pasan a manos de doña Berta que, a su vez, en el año 1943, cuando fallece, lega su patrimonio al Sr. Armando Defino. Éste señor, estuvo muy lejos de interpretar el inmenso valor histórico de la propiedad que había heredado. La casa de un ídolo popular. Allí Gardel y su madre habían vivido no sólo, por supuesto, días felices sino también días tristes, pero era su casa, su nido.
Faltó visión de futuro y generosidad para darle a la casa el mejor destino, faltó grandeza.
La casa de Gardel debió ser donada al gobierno nacional porque esa propiedad superaba cualquier valor económico o financiero, incluso sentimental. La lógica era hacer un gran museo, con los efectos personales de Gardel que había heredado. El país perdió la gran posibilidad de concretar el museo Gardeliano donde los admiradores del ídolo y todo el pueblo argentino tendrían hoy la oportunidad de valorar en forma directa sus pertenencias para su recordación y veneración.
Él prefirió lo otro, el beneficio personal, que es seguro no le reportó nada… ni la estima ni el recuerdo de sus compatriotas, ni el reconocimiento agradecido de los que en verdad quieren y veneran la memoria de Gardel y su madre.
Hoy hay una luz de esperanza para la casa de Jean Jaurés, un amanecer de recuperación espiritual y material. Existe una posibilidad. Otra gente, con inquietudes de patria y tradición, se pondrán a la tarea de rescatar para las generaciones venideras este patrimonio tan querido y valorado. Patrimonio de una de las personalidades más notables, ligada íntimamente a la cultura del arte y los sentimientos del pueblo argentino, Carlitos Gardel.
Ojalá que la voluntad y la decisión puesta en este nuevo intento asumido, se cristalice en un gran éxito. Ojalá sea una realidad muy pronto. Para los que creen en los valores permanentes que heredamos. ¡Y sepamos defenderlos! Porque forman parte de nuestra idiosincrasia de país culto y celoso defensor de sus valores tradicionales.
Creado por eloriental | 0 comentarios | 18/06/07 21:03
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