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CLAVES DEL OLIVORISMO en PLATANO FILM

CLAVES DEL OLIVORISMO

COSAS INTERESANTES Algunas claves del Olivorismo



Roberto Cassá


Desde hace varios años estoy realizando visitas al Valle de San Juan de la
Maguana con el fin de estudiar el movimiento religioso fundado por Olivorio
Mateo. He obtenido el grueso de la información en base al contacto con
supervivientes de los hechos iniciales, así como con ulteriores seguidores y
personas diversas de la región. Me he beneficiado, asimismo, de los
precedentes de investigación, entre los que sobresalen el de Lusitania
Martínez, Palma Sola. Opresión y esperanza, y el de Jan Lundius, The Great
Power of God, este último precedido de diversos escritos en colaboración con
Mats Lundahl. Por último, procedí a revisar fondos del Archivo General de la
Nación y del National Archives de Washington. Además de conocer este
extraordinario fenómeno, la investigación ha sido un medio para acceder a
dimensiones de la cultura popular agraria y de una dinámica regional donde
han tendido a subsistir relaciones sociales tradicionales. En cualquier
caso, este trabajo me ha permitido acercarme a la gente y a ganar amigos.
Algunos de ellos han colaborado en la ubicación de personas, entre los
cuales debo mencionar a Emérico Capell, Sinencio Ramírez, Enrique Montero,
Jorge Sención y Bolívar Rosado. En este escrito, se procederá a la
presentación escueta de aspectos sobresalientes del fenómeno. Detalles de
los hechos y la dilucidación de factores causales remiten a escritos en
proceso de elaboración.

En el otoño de 1908, Olivorio Mateo (comdnmente conocido como Liborio),
campesino y peón agrícola de La Maguana Arriba -paraje situado al norte de
San Juan de la Maguana- anunció a sus familiares y amistades, después de
haberse extraviado en medio de un huracán atípico (en dirección oeste-este),
que había retornado de un viaje al cielo investido de una magna misión
divina. Desde ese momento, de acuerdo a la generalidad de las versiones
orales de sus seguidores, evidenció poderes sobrenaturales, expresados en
aspectos tan diversos como prever el futuro, saber lo que sucedía en otros
lugares, curar enfermedades y revivir personas y animales recién fallecidos.
La exhibición de poderes se acompañó del reclamo de su respeto. Narra la
tradición, como la recoge Carmela Valdez, hija de Liborio, que este apareció
el mismo día en que falleció su suegra, y que pidió a un familiar que le
trajera un vaso de agua mientras un enjambre de ángeles traía de vuelta el
alma de la difunta. Como no se le hiciera caso, Liborio declaró que la
suegra tendría que retornar al mundo de ultratumba, mientras ella se
derramaba en lágrimas. Estos poderes le atrajeron una intensa atención,
primero de los pobladores cercanos y progresivamente de zonas más remotas,
hasta tornarse en fenómeno nacional. Lo que primordialmente confería
autoridad a la persona de Liborio era su capacidad curativa, lo que
encuentra explicación plausible por la inexistencia de servicios médicos en
las zonas rurales. Pero esta facultad no hizo más que sintetizar un aprecio
integral hacia el personaje, comúnmente apreciado como enviado de Dios y
dotado de una reluciente bondad y un inefable carisma. A poco tiempo de
comenzar el peregrinaje masivo a La Maguana o a parajes cercanos donde
ocasionalmente se establecía Liborio (La Isleta, La Jagua, El Palmar), se
produjo una reacción de las autoridades nacionales, que dispusieron que se
le impidiese continuar su obra. En ese momento, bajo la rectoría del
presidente Ramón Cáceres, se estaba desplegando un programa de
centralización estatal, tendente a destruir las condiciones sociales y
políticas consuetudinarias, que a los ojos de las élites urbanas trababan la
marcha hacia el progreso, como se denominaba la empresa de equiparación
económica y cultural con Europa. No obstante comportar precariedades
insalvables, el proyecto de Cáceres había logrado éxitos en la pacificación
del país, a través de la neutralización o cooptación de los caudillos.
Olivorio Mateo contravenía la orientación estatal en por lo menos dos
aspectos. Primero, porque se presentaba como encarnación de la "ignorancia"
de los campesinos, fundamentalmente por el "ejercicio ilegal" de la
medicina, que lo identificaba como un "brujo". Para los incumbentes del
poder resultaba axiomático lograr el desarraigo de tales prácticas, como
condición para el "progreso". Concitaba, además, tal atracción que se le
juzgó un peligro potencial para la estabilidad política, puesto que se veía
la zona circundante de su "corte celestial" como desligada de la obediencia
a los poderes legales y a los seguidores como súbditos de un esquema rival
de autoridad. Después de haber sido detenido y procesado en Azua, cabecera
de la provincia, Liborio decidió no volver a acatar la justicia terrenal. Ni
siquiera, hasta donde se sabe, tuvo que explicar dicha postura, puesto que,
por definición, su condición de enviado de Dios lo ponía por encima de los
poderosos. Cuando las tropas lo capturaron una segunda vez, fue ipso facto
liberado por los fervorosos, quienes ya habían organizado un cuerpo armado
de autodefensa. Intervinieron dos tipos de sujetos aptos: pequeños caudillos
locales, como Nicolás Cuevas (Colén), de la zona montañosa de Las Matas de
Farfán, y convictos de delitos que tomaban refugio en la corte olivorista;
entre estos últimos sobresaldrían algunos de los más célebres
lugartenientes, como el músico Benjamín García y dos sujetos, cuyos nombres
nunca se divulgaron, conocidos por sus apodos de Máquina y Pañero. La
acogida de estos supuestos criminales introduce uno de los elementos más
interesantes del movimiento, denotando, en principio, la proclama de
superioridad de lo divino sobre lo terrenal, por cuanto bastaba la acogida
de Liborio para redimir cualesquiera pecados. Aunque Liborio no perseguía el
ejercicio del poder temporal, sí exigía que las autoridades respetaran sus
atributos transmitidos por Dios. A su manera, reproducía el comportamiento
campesino de buscar espacios de autonomía respecto a los mecanismos de la
autoridad y de las relaciones mercantiles. Pero el olivorismo no cuestionaba
los poderes establecidos, sino que más bien perseguía entrar en relaciones
cordiales con ellos. La actitud se observa simbólicamente en la tradición de
relaciones de compadrazgo, que en realidad no existieron, entre Liborio y
José del Carmen Ramírez (Carmito), la más prestigiosa figura de la política
regional. Más que un cuestionamiento frontal del mundo urbano, el olivorismo
se atenía a servir como un sobresaliente recurso de afirmación de una
tradición cultural autóctona del mundo agrario que llegaba a planos de
maduración por factores económicos y sociodemográficos. Y, por cuanto la
trama de tal maduración cultural la hacía paralela al afianzamiento de la
cultura urbana moderna, resultaba intolerable para los propósitos de las
élites dirigentes a escala nacional. El hecho de que el liborismo surgiera y
se perpetuara sobre todo en el valle de San Juan es indicador de tal
dinámica asociada a la fortaleza de las relaciones sociales tradicionales.
San Juan era de los puntos del país donde la agricultura arcaica se mantenía
con mayor fortaleza en el primer tercio de siglo. La ciudad mantuvo una
fisonomía rústica, como vivamente la recuerda Fausto Rodríguez Mesa,
desierta durante el día porque casi todo el mundo marchaba en monturas a
laborar en sus fundos de las cercanías. A diferencia de lo que sucedía en
las comarcas cibaeñas, el poblado de San Juan venía a ser una prolongación
del campo, desconociéndose tensiones sociales generalizadas como resultado
de la división del trabajo. La documentación y los testimonios de
nonagenarios permiten concluir que no se registraron cambios económicos
considerables en sentido modernizante que pudieran asociarse a la génesis
del movimiento liborista. Hasta hace poco, no quedaba desarraigada la
vigencia de la pequeña agricultura conuquera. Pese a la ausencia de una
aguda diferenciación clasista en el entorno regional, es claro que no dejaba
de haber un contenido social del movimiento, al encontrarse sus agentes
primordialmente entre los "brutos", incluso al decir de ellos mismos, es
decir, el pueblo pobre y analfabeto de las zonas rurales. La prédica de
Liborio puede ayudar a dar cuenta de los planos sociales y políticos
envueltos. No convocaba a ningún cambio político y ni siquiera en los años
de más intensa persecución cuestionó los poderes públicos o las relaciones
sociales. Pero, paralelamente, un aspecto clave de lo que explicaba en las
"conruedas" diarias, en que se dirigía a los fieles, consistía en el anuncio
de catástrofes asociadas a indicadores de la modernidad, todavía
desconocidos por los pobladores, como la aviación. Los sintetizaba para
asegurar que advendría un mundo malsano, en que los hijos dejarían de
respetar a los padres. Pero tras la catastrofe llegaría la redención, en
forma del reino fraternal de Cristo. En fin de cuentas, más que en un
esquema teológico contrapuesto al catolicismo y en una realidad mundana
alternativa, el sistema religioso de Liborio se centraba en una moral, para
ser practicada individualmente por los fieles, la cual no hacía sino
reforzar prácticas habituales en el mundo agrario. A Liborio normalmente se
le denomina el maestro. Hay en el calificativo una referencia a su magestad
como sucesor de Cristo, pero no menos al apostolado de la enseñanza del bien
mediante el ejemplo. La prédica de Liborio externaba ante todo el valor
concedido al altruismo y a la humildad. Se plasmaba en el desinterés por los
bienes terrenales y la invariable tendencia a repartir los donativos que
recibía. Un sedimento de moral ha quedado como secuela, como bien lo ha
reflexionado Luis Medrano. En el presente todavía, cuando se visita el hogar
de un liborista, este no queda tranquilo si no brinda aunque sea una taza de
café, en gesto de amistad, como, entre otros, entrañablemente lo reclamó
Julio Morillo en La Maguana Abajo. A tono con esta síntesis de la
cosmovisión tradicional, el movimiento liborista se rodeó de un aparato
material y simbólico característico. Es el caso del uso de escapularios y
cordones, de todo un ritual, de la expresión en la danza y la salve, de un
vocabulario, de los mismos procedimientos curativos y de los medios de
transmisión del mensaje místico, empezando por el poético arte de la
leyenda. Esa cultura agraria no se reconocía contrapuesta a la urbana y en
la realidad en no pocos mecanismos de su génesis mantenía conexiones
continuas con esta última. Lejos de acentuar la diferencia, los campesinos
buscaban la similitud. Eran las élites cultas urbanas que postulaban
distinciones insuperables de patrones culturales, exorcisando el acervo
tradicional a nombre de lo civilizado. A tono con esta determinación,
situado en una relación de continuidad con expresiones culturales vigentes
tanto en el campo como en la ciudad, el liborismo no reconocía diferencia
alguna con el catolicismo por no tener vocación cismática. Desde luego, su
sistema religioso no obedecía a la ortodoxia católica, lo que únicamente era
advertido en forma expresa por los sacerdotes, sin efecto alguno sobre la
generalidad de campesinos. A inicios de siglo apenas había un párroco en el
pueblo de San Juan. Solo en los años 50, al declararse zona de misión, los
sacerdotes decidieron enfrentar el liborismo, para hoy buena parte de ellos
considerarlo respetuosamente o bien valioso aliado contra el protestantismo.
Empero, Liborio construyó el equivalente de una iglesia, con un sistema de
valores y de jerarquías rituales distinto al de la iglesia católica. Si bien
recibía su inspiración de las líneas tradicionales de la cultura popular,
tampoco significaba una aceptación al pie de la letra de las mismas, en lo
que se debe reconocer su condición de fenómeno innovador y activo. De ahí
que tampoco se atenía a los preceptos aceptados en el entorno vivencial. Así
se explica su recusación de la brujería. Pero los brujos no desplegaron
campaña contra el mesías, puesto que acorde con las líneas sincréticas de la
cultura agraria, procedieron a reconocer la superioridad del personaje. De
todas maneras, como en tantos otros aspectos, la denuncia de la práctica de
que un espíritu se "montara" en alguien, aspecto dominante de la hechicería,
quedaba en planos bastante ambiguos. Liborio bien podía proclamar que no
recibía "misterios", como lo destaca su hijo Desiderio Galán (Yeyo), y que
curaba dnicamente con las manos gracias al poder de Dios; pero la
continuidad del movimiento hizo uso de este ritual fundamental de la
religiosidad popular, como se vería en el reclamo de reencarnaciones del
espíritu de Liborio después de su fallecimiento. Crucialmente, a diferencia
del catolicismo, el misticismo liborista no se contrapone con el mundo
terrenal, como lo destaca Lusitania Martínez con su tesis de la interacción
entre lo profano y lo sagrado. De ahí sobrevienen comportamientos con clara
connotación heterodoxa, como la legitimación de la poligamia. El acceso a
varias esposas resultaba tal vez el único bien de diferenciación entre el
común de los creyentes y las figuras prestigiosas, empezando por el mismo
Liborio, quien tuvo hijos con unas diez mujeres. Por lo mismo se explica el
aprecio de la sexualidad que comportaban las ceremonias semanales de amor
libre, tal vez concebidas por Juan Samuel, buhonero proveniente de una de
las Antillas Menores que desempeñó la función de mentor teológico.

II En verdad, el hostigamiento del liborismo, entre 1909 y 1916, no sólo fue
ligero, sino también esporádico. Por lo visto el régimen de Cáceres no
dispuso de los medios para extirpar el "fanatismo", a lo que se sumó su
caída, a fines de 1911, seguida por dos prolongadas conflagraciones entre
coaliciones de caudillos y el gobierno central. Precisamente, Liborio pudo
mantenerse en sus contornos debido a que la debilidad de los gobiernos
propiciaba las "presentaciones" (rendiciones sin represalias), lo que
equivalía a una suerte de coexistencia tensa. En la guerra civil de 1914,
Liborio tuvo que deponer su vocación pacifista y aceptar entrar en la
coalición antigubernamental dirigida por los generales Luis Felipe Vidal y
José del Carmen Ramírez, el primero líder del Partido Legalista, formación
regionalista con base en Azua, y el segundo delegado de Horacio Vásquez. De
todas maneras, como lo destacan Lundius y Lundahl, los liboristas
prácticamente no tomaron parte en las acciones bílicas. Fue con la
intervención militar de Estados Unidos cuando se produjo la persecución
sistemática contra Olivorio Mateo, ante la negativa de este a acatar el
desarme general. En los cinco años siguientes a la llegada de los marines a
San Juan, en enero de 1917, se desplegaron siete expediciones de cientos de
efectivos norteamericanos y dominicanos, todas infructuosas. Liborio
continuó acompañado por cientos de fieles y visitado por miles. Se consolidó
entre ellos un estilo de vida que respondía a la moral predicada. En
montañas remotas, sobre todo de la ladera sur del pico Nalga de Maco, se
practicaba una agricultura de autosubsistencia en base a los criterios
comunales del "convite". Los peregrinos, por su parte, aportaban alimentos y
otros regalos, que se distribuían como bienes colectivos. No deja de ser
llamativo que la eliminación de Liborio se produjese solo en el momento en
que los insurrectos de la región Este, conocidos como gavilleros, depusieron
las armas. En todo caso, la Guardia Nacional Dominicana, por lo que se ha
podido determinar, logró infiltrar a un espía, conocido como Vencé, y
obtener la colaboración del alcalde de La Maguana Arriba, Lalín Romero,
familiar de Liborio y uno de sus principales contactos para la recepción de
peregrinos y alimentos. El hecho es que el 27 de junio de 1922 una patrulla
de la GND, comandada por el capitán Gregon Williams y el teniente Juan Luna,
sorprendió el campamento donde se encontraba el maestro junto a sus
seguidores más íntimos, entre quienes los reportes mencionan a sus hijos
Cecilio y Lauterio, Olivorio Prieto y José Popa. En otro asalto, un mes
antes, ya habían sido eliminados cerca de treinta liboristas, en mayoría
mujeres, entre ellos Benjamín García, Rafael Perdomo y Matilde Contreras,
una de las esposas de Liborio. Liborio había preparado a sus discípulos para
su fallecimiento. Incluso, de acuerdo a una parte de las versiones orales,
había anunciado el día en que se produciría, ordenando que lo dejaran solo
porque ya no pertenecía a este mundo. Sin embargo, también vaticinó que
nunca moriría y reclamó que no se prestara atención al anuncio de su
desaparición aunque se mostrasen sus cenizas. De nada valió, por lo tanto,
que el cadáver de Liborio fuese expuesto en la plaza de San Juan, puesto que
se llegó al consenso entre los fieles que había resucitado y abandonado la
tumba. Está suficientemente establecido, gracias al testimonio de José del
Carmen Ramírez hijo (Mimisito), que la tumba fue abierta y el cadáver
desapareció. Sería cuestión de escaso tiempo para que uno de los contados
sobrevivientes del círculo de íntimos, José Popa, reclamara la sucesión de
Liborio por recibir el espíritu de este en su cuerpo. Popa se expresaba
exactamente igual que el maestro, tomó su nombre y portaba sus objetos
personales, entre los cuales sobresalía el espadín, reliquia de inestimable
valor sagrado. Durante casi ocho años, cupo a Popa servir de medio de
cohesión del culto, al propiciar incesantes peregrinaciones a los sitios que
había frecuentado el maestro y repetir minuciosamente sus hazañas. Después
de Popa, otros tres liboristas han sido identificados con los mismos
atributos de haber recibido la encarnación del Maestro. Según narra Ana
María Luciano (Pimpina), a la sazón residente en Yacahueque, se aceptaba
comúnmente que todo aquel que asumiera la condición de Liborio sería
inexorablemente asesinado, como en efecto sucedía. No obstante, el liborismo
se mantuvo con toda su vigencia, sobre la base del retorno inevitable del
maestro. El régimen de Trujillo, responsable de los asesinatos del "segundo
Liborio" y de los restantes, prefirió eludir el ataque frontal en pos de la
erradicación de la creencia, consciente de su imposibilidad, limitándose a
eliminar a las reencarnaciones del mesías, piezas imprescindibles para la
convocatoria de las multitudes. Con esta práctica, se consolidaba la
relación inversa entre fortalecimiento del poder central y florecimiento
abierto del sistema religioso. Por ello, a fines de la prolongada dictadura,
el liborismo empezó de nuevo a asomar visiblemente. La primera manifestación
la personificó Ramón Mora, en La Jagua, quien, gracias a sus facultades
curativas, convocó multitudes. Todavía la dictadura pudo disolver la
movilización sin acudir al derramamiento de sangre. Fue ya muerto Trujillo
cuando esta corriente se plasmó en el hecho sin precedentes, desde el punto
de vista masivo, dirigido por los llamados "Mellizos" de Palma Sola, Plinio
y León Ventura. Como lo ha expuesto Lusitania Martínez, en Palma Sola se
introdujeron matices de consideración en la elaboración de un sistema
teológico, al tiempo que se perfilaban elementos propios de un movimiento
mesiánico. Los hermanos Ventura, por lo menos, proclamaron la misión de
hacerse depositarios de un poder mundial, en nombre de Cristo y Liborio, que
enmendara la injusticia de la vida terrenal, proclama inédita y que tampoco
retornaría en los anales del liborismo. Palma Sola muestra la dialéctica
entre continuidad y cambio en el liborismo. Por esa razón, el foco de
convocatoria no era aceptado por el conjunto de creyentes, una parte de los
cuales objetaban componentes controversiales. Pero la convocatoria masiva
tenía por condición la primacía del mensaje de Liborio. Por lo tanto, junto
a las innovaciones, se mantenían o potenciaban mensajes previos. Es el de
ataque a la brujería, por medio de la acción de los "tumbacocos", como lo
rememora Bolívar Rosado, uno de los miles de visitantes. La contraposición
con los hechiceros ganaba mayor importancia en la medida en el fenómeno no
había cesado de ganar terreno a partir de Haití y la zona fronteriza. La
represión en Palma Sola, donde fueron asesinados centenares de fieles,
propinó un golpe irreparable al liborismo, visto como movilización a gran
escala. En lo adelante, el culto se ha mantenido en el recuerdo íntimo y más
bien aislado entre la generalidad de la población rural de la región a
través de la práctica de curanderos y devotos que se reclaman receptores de
misiones ordenadas por Liborio. Entre ellos, cabe citar a Félix Caba, Pedro
Romero y Evangelista Mora, quienes se establecieron en La Maguana atendiendo
a tal llamado personal. Son exponentes de una fórmula de socialización en el
mundo agrario y se distinguen por el ejercicio de la piedad. Los curanderos
se diferencian de los brujos por no utilizar "misterios" asociados al
demonio y no hacer "trabajos sucios". Al mismo tiempo, su apego a la
tradición los hace solidarios explícitos de las estructuras institucionales
del poder político, primariamente a través de la imagen del presidente. Una
porción considerable de curanderos del suroeste hoy hallan en Liborio una
fuente de inspiración, pero el conocimiento de los detalles de la prédica
del maestro parece haber sufrido una degradación marcada. En verdad, la
figura de Liborio forma parte del heterogéneo panteón de deidades, a veces a
través de las imágenes de terceras figuras que han dado lugar a variantes
locales del culto: es el caso de Caba, en una esquina de cuyas fotos aparece
una foto de Liborio, a fin de dar la impresión de que se imprimió
misteriosamente. Estos focos de supervivencia del movimiento no han logrado
mantener la adherencia de la población de menos de treinta años, ni siquiera
en las zonas de mayor tradición. Los mayores se quejan a menudo de la
irreligiosidad de los jóvenes, de sus valores e incluso de las respuestas
que dan a las exigencias perentorias de la vida presente. Es, por ende, a la
luz de la más marcada ruptura generacional conocida en el campo dominicano
que procede discutir el futuro del liborismo




ano 2002
Creado por ramson | 0 comentarios | 04/03/05 16:23

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